Roma | historia
English: Rome

Historia

Antigüedad

Roma fue fundada, según la tradición, por Rómulo y Remo, ambos amamantados por una loba, llamada Luperca, el 21 de abril de 753 a. C.[33]

Previo a la fundación de la ciudad, y también en forma contemporánea a ella, Italia estaba habitada por distintos pueblos: los latinos, que ocupaban la llanura entre el río Tíber y los montes Albanos; el Tíber separaba a los umbros al sur y los etruscos al norte, al este y sureste del Lacio se encontraba la cadena Apenina que sería el dominio de pastores nómadas emparentados entre sí: los sabinos, samnitas, marsos, volscos, campanos en Nápoles, ausones y oscos. Todavía más al sur, los lucanos y bruttios.

Roma tuvo un gobierno monárquico por un período de 244 años, con soberanos inicialmente de origen latino y sabino, y posteriormente etrusco. La tradición cuenta que hubo siete reyes: su fundador Rómulo, Numa Pompilio, Tulio Hostilio, Anco Marcio, Tarquinio Prisco, Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio.[34]

Sin embargo, el consenso general es, hoy en día, que Roma fue fundada por Tarquinio Prisco, y que la ciudad no puede haber existido antes del 600 a. C.. Los datos arqueológicos arrojados por la investigación moderna nos hablan de una fundación antes del 625 e incluso del 575 a. C. Este desfase cronológico coincide con la época en que Roma habría sido gobernada por reyes legendarios tales como Rómulo, Numa pompilio, y Anco Marcio, por lo que es muy probable (en el caso de Rómulo no hay duda) que estos reyes no hayan existido y que sean producto de la tradición historiográfica.[35]

Expulsado de la ciudad el último rey etrusco e instaurada una república oligárquica en el 509 a. C., Roma inicia un periodo que se distingue por las luchas internas entre patricios y plebeyos y continuas guerras contra los otros pueblos de la antigua Italia: etruscos, latinos, volscos y ecuos. Convertida en la población más poderosa del Lazio, Roma lleva a cabo varias guerras (contra los galos, los oscos y la colonia griega de Tarento, aliados de Pirro, rey de Epiro) que le permitieron la conquista de la península itálica, desde la zona central hasta la Magna Grecia.[36]

El siglo III a. C. y el II a. C. estuvieron caracterizados por la conquista romana del Mediterráneo y del Oriente, debida a las tres guerras púnicas (264-146 a. C.) en las que se combatió contra la ciudad de Cartago y a las tres guerras macedónicas (212-168 a. C.) contra el Reino de Macedonia. Fueron instituidas las primeras provincias romanas: Sicilia, Cerdeña, Hispania, Macedonia, Grecia (Acaia), África.[37]

En la segunda mitad del siglo II a. C. y del siglo I a. C. se registraron numerosas revueltas, conspiraciones, guerras civiles y dictaduras: son los siglos en los que aparecen en el panorama político y social figuras como Tiberio y Cayo Graco, así como Yugurta, Cayo Mario, Lucio Cornelio Sila, Marco Emilio Lépido, Espartaco, Gneo Pompeyo, Marco Licinio Craso, Lucio Sergio Catilina, Marco Tulio Cicerón, Julio César y Augusto,[39]

Recreación de la Roma imperial.

Instituido de facto el Imperio, que alcanzará su máxima expansión en el siglo II, bajo el mandato del emperador Trajano, Roma se confirmó como caput mundi, es decir, la capital del mundo, expresión que se le había atribuido ya en el período republicano. El territorio del imperio, en efecto, se extendía desde el océano Atlántico hasta el golfo Pérsico,[40]​ y desde la parte centro-septentrional de la Britannia (actual Gran Bretaña) hasta Egipto.

Los primeros siglos del Imperio, en los cuales gobernaron, además de Octavio Augusto, los emperadores de las dinastías Julio-Claudia,[44]

En el siglo III, al acabarse la dinastía de los Severos,[45]​ comenzó la crisis del principado, a la cual seguiría un período de anarquía militar.

La Muerte de César de Vincenzo Camuccini (Museo de Capodimonte)

Cuando asciende al poder Diocleciano (284), la situación de Roma era grave: los bárbaros asediaban las fronteras desde décadas atrás, las provincias estaban gobernadas por hombres corruptos, zonas enteras de las capitales habían sido destruidas. Para gestionar mejor el imperio, Diocleciano lo divide en dos partes: él se convierte en Augusto o emperador de la parte oriental (con residencia en Nicomedia) y nombra a Maximiano Augusto o emperador de la parte occidental, desplazando la residencia imperial a Mediolanum. El imperio se divide aún más con la creación de tetrarquía: los dos Augustos, de hecho, deberán nombrar dos Césares, a quienes confiaban la parte del territorio y que se convertirían, posteriormente, en los nuevos emperadores.[46]

Un logro decisivo tiene lugar con Constantino, que, luego de numerosas luchas internas, centralizó nuevamente el poder y, con el edicto de Milán del año 313, permitiría la libertad de culto a los cristianos, empeñándose él mismo por darle fortaleza a la nueva religión. Hace que se construyan diversas basílicas, asignó el poder civil sobre Roma al papa Silvestre I y fundó en la parte oriental del Imperio la nueva capital, Constantinopla,[47]​ la actual Estambul.

El cristianismo se convierte en la religión oficial del Imperio gracias a un edicto emanado en el año 380 por Teodosio, que fue el último emperador del imperio unificado: luego de su muerte, de hecho, sus hijos, Arcadio y Honorio, se dividieron el imperio. La capital del imperio romano de Occidente pasa a ser en el año 395 Milán y, poco después en el año 402 Rávena[48]​ más fácil de defender ante el acoso visigodo.

Roma, que no jugaba ya un papel central en la administración del Imperio, fue saqueada por los visigodos comandados por Alarico (410). Reconstruida y adornada profusamente con edificios sagrados construidos por los papas (con la colaboración de los emperadores), la ciudad sufrió un nuevo saqueo en el año 455, por parte de Genserico, rey de los vándalos. La reconstrucción de Roma fue dirigida por los papas León Magno (defensor Urbis por haber convencido a Atila, en el año 452, de no atacar Roma) y por su sucesor Hilario, pero en el año 472 la ciudad fue saqueada por tercera vez (por obra de Ricimero y Anicio Olibrio).

La deposición de Rómulo Augústulo en 4 de septiembre de 476 significó el final del Imperio romano de Occidente y, para los historiadores, el comienzo de la Edad Media.[49]

Edad Media

La coronación de Carlomagno en la basílica de San Pedro de Roma el 25 de diciembre del año 800. Miniatura de las Grandes Crónicas de Francia, de Jean Fouquet (siglo XV).

Con el fin del Imperio Romano de Occidente, en Roma tiene lugar un período marcado por la presencia bárbara en Italia y, sobre todo, por la afirmación de la Iglesia en el poder (con el papa como jefe), que sustituyó al Imperio y derribó el puente que habría unido a la Antigüedad con el mundo nuevo.[50]

Muchas luchas en el ámbito romano y europeo no permitieron la instauración de una estructura política constante en Roma, que pasó por tanto a través de distintas formas de gobierno: fue dominada primero por los godos y más adelante por los bizantinos.[52]

En el año 756, desaparecido definitivamente el rey longobardo Astolfo, Pipino el Breve, rey de los francos, cedió las tierras conquistadas al papa Esteban II, con lo que nace el Patrimonium Sancti Petri, el Estado Pontificio, del que Roma se convierte en capital.[53]

La noche de Navidad del año 800, el papa León III corona emperador a Carlomagno en la antigua Basílica de San Pedro, instituyéndose así el Imperio carolingio: Roma no fue su capital (ubicada en Aquisgrán), pero funcionó como centro religioso del nuevo estado teocrático.[54]

El incendio del Borgo, un fresco de Rafael representado al papa León IV.

Alrededor de la mitad del siglo IX, el papa León IV, después de la incursión sarracena de 846, hace que se fortifique la Civitas Leonina (que correspondía con la actual Ciudad del Vaticano), confirmando el poder político asumido por los pontífices, que eran protegidos por las familias nobles.[56]

A mediados del siglo XII los ciudadanos romanos instauraron el Municipio Consular (que se asentó en la cima del Campidoglio), rival de la autoridad papal y de la autonomía de los nobles; en este período Roma se abastece de nuevos y eficientes sistemas de defensa.[57]

La Edad Media, además, se caracterizó por las luchas entre las familias nobles ligadas a los papas y aquellas ligadas al extinto imperio, que frenaron el desarrollo del área central de la ciudad hasta el siglo XVI. Roma, centro político del mundo gracias al poderío de los papas, se confirmó como ciudad pontificia cuando Bonifacio VIII, en 1300, proclamó el primer Jubileo (acontecimiento que reunió en la ciudad alrededor de dos millones de peregrinos que siguieron alguna de las vías romeas); el mismo pontífice, tres años después fundó la Universidad de Roma "La Sapienza".[58]

Pero cuando en 1309 el papa Clemente V se retiró a Aviñón, Roma fue gobernada por las familias nobles en continuas luchas entre ellas: la ciudad sufrió una involución, y en el siglo XV registraba apenas 20 000 habitantes.[59]

La radical transformación de la Roma medieval fue iniciada por el papa Nicolás V, que decidió realizar ex novo el nuevo centro de Roma, el centro de la fe cristiana, distinto del centro pagano de la Roma antigua. Abandonó Letrán y concibió la idea de la construcción de la nueva basílica de San Pedro:[61]

Edad Moderna

San Pedro y Castel Sant'Angelo (siglo XVIII), de Giuseppe Zocchi.

Después de la reforma luterana (1517) y el saqueo de Roma por parte de Carlos V (1527), tuvo lugar el Concilio de Trento, culminado en 1563, que confirmó a Roma como capital del Estado Pontificio, aunque desde aquel momento la figura del papa disminuyó sus influencias sobre la política europea.[62]

El período sucesivo al Concilio de Trento estuvo caracterizado por una renovación urbanística de la ciudad: los nobles y las familias cardenalicias poderosas abandonaron sus palacios en el centro para construirse nuevas moradas sobre las colinas; pero el verdadero artífice de la gran obra de modernización arquitectónica, cultural y económica de la ciudad de Roma, fue el papa Sixto V, pontífice solamente por cinco años (1585-1590).[63]​ En 1626 fue inaugurada la nueva basílica de San Pedro, emblema del dominio papal.

Este dominio papal fue interrumpido solamente un siglo y medio después, cuando el 15 de febrero de 1798 fue proclamada la República Romana y fue depuesto el papa Pío VI.[65]

La era napoleónica se concluyó con una serie de encuentros bélicos decisivos, entre ellos la batalla de Leipzig (1813) y la batalla de Waterloo (1815): Roma fue tomada por Murat (en noviembre de 1813), pero el 11 de abril de 1814 Napoleón liberó al papa Pío VII, hasta entonces encerrado en prisión por los franceses: el pontífice regresó a Roma, imponiendo de nuevo en la capital el dominio papal y devolviendo el entusiasmo a la gente.[66]

Historia más reciente

Monumento a Víctor Manuel II, primer rey de Italia

Roma es la única ciudad de Italia que no tiene memorias exclusivamente municipales; toda la historia de Roma, desde el tiempo de los Césares hasta la actualidad, es la historia de una ciudad cuya importancia se extiende infinitamente más allá de su territorio; de una ciudad destinada a ser la capital de un gran Estado.

Cavour, Discurso al Parlamento de Torino, 25 de marzo de 1861

Después del Congreso de Viena y del regreso de Pio VII a Roma, la ciudad vivió un periodo turbulento que culminó con la toma de la ciudad y el final del poder temporal de los papas. En 1849 fue instituida la Segunda República Romana, gobernada por Carlo Armellini, Giuseppe Mazzini y Aurelio Saffi; esta duró poco menos de cinco meses, a causa de la invasión del ejército francés de Napoleón III comandado por el general Oudinot.[67]

En 1861, después de la unificación de Italia dirigida por Cavour, comenzaron las presiones del rey Víctor Manuel II contra el papa Pío IX, invitado repetidamente a dejar el poder temporal.[69]

Después de la llamada edad giolittiana, que caracterizó los primeros años del siglo XX (en la cual se alternaron los gobiernos de Giovanni Giolitti), y de la primera guerra mundial, concluida en Roma y en Italia con la «victoria mutilada» denunciada por Gabriele D'Annunzio,[72]

Nacieron, además, nuevos barrios y nuevos ambientes, como el barrio EUR (construido para albergar la Exposición Universal de Roma de 1942, pero jamás inaugurado a causa de la efervescencia de la Segunda Guerra Mundial), la ciudad-jardín Aniene, la ciudad universitaria de la Sapienza, el foro Mussolini y Cinecittà, un amplia área dedicada a la producción cinematográfica.[72]

Tanques estadounidenses pasan junto al Coliseo de Roma el 5 de junio de 1944, día de la liberación de la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1940 Italia entró en la Segunda Guerra Mundial; Roma, escenario de ataques y masacres como la que sucedió en la vía Rasella y en las fosas Ardeatinas, después de haber sido declarada por los alemanes como ciudad abierta, fue liberada por los Aliados el 4 de junio de 1944.[73]

Al terminar la guerra, después del referéndum del 2 y 3 de junio de 1946, Roma pasa a ser de nuevo la capital de la República italiana. En los años cincuenta y sesenta la ciudad se desarrolló urbanística y demográficamente y, a partir del Jubileo de 1950, se convierte en uno de los más anhelados destinos turísticos y se fue transformando, en poco tiempo, en la capital mundial de la diversión y del cine, gracias a las numerosas películas de reconocidos directores cinematográficos, particularmente La Dolce Vita de Federico Fellini.[74]

En este período la ciudad se expandió de modo vertiginoso: se desarrollaron nuevos barrios y las zonas periféricas, hasta ahora en el campo que rodeaba Roma, fueron urbanizadas. Se construyó la estación ferroviaria de Termini y se construyeron nuevas infraestructuras, como el primer tramo del metro y la Autopista Anular A90 así como los complejos deportivos para los juegos olímpicos de los que Roma fue anfitriona en 1960. El 25 de marzo de 1957, además, se firmaron en Roma los dos tratados que supusieron el inicio de la Comunidad Económica Europea y del EURATOM; desde 1962 hasta 1965 se celebró en la basílica de San Pedro el Concilio Vaticano II.[74]

Hoy en día, Roma, la ciudad más poblada y grande de Italia, es el centro de la vida política italiana y de la religión católica; en calidad de ciudad capital, goza de especiales poderes administrativos, pasando de ser municipio a ciudad metropolitana.[75]