Primera Guerra Mundial | la guerra
English: World War I

La guerra

1914

Soldados alemanes el 1 de agosto de 1914 en un vagón de mercancías. Las inscripciones en el vagón («de viaje a París») dejan claro las expectativas de los beligerantes de una rápida victoria

Los países beligerantes creyeron que se trataría de una guerra corta, y ambos bandos esperaban conseguir una victoria fácil y demoledora. La monarquía austrohúngara, con la pretensión de «engullir a Serbia» tras el asesinato del archiduque hablaba de la guerra como de una «misión histórica».[67]

La estrategia de las potencias centrales adoleció en sus primeros momentos de una grave falta de coordinación. Alemania había «prometido apoyar» la invasión austrohúngara de Serbia, pero ni los propios aliados se ponían de acuerdo en qué significaba exactamente esa declaración. Los planes previamente aprobados para esta situación habían sido reemplazados a principios de 1914 y nunca se habían realizado ejercicios ni simulaciones. Mientras los austrohúngaros creían que Alemania cubriría su flanco norte con Rusia, los alemanes asumían que Austria concentraría el grueso de sus tropas en el frente ruso mientras Alemania combatía contra Francia. Esta confusión inicial provocó que Austria-Hungría dividiese finalmente sus fuerzas entre los frentes ruso y serbio.[69]​ Si bien los principales esfuerzos de los beligerantes se concentraron en los frentes occidental y oriental, la guerra se libró con mayor o menor intensidad en distintas partes del globo. Se combatió en los Balcanes, en los Dardanelos, en Oriente Medio, en el Cáucaso, en los Alpes italianos, en África, en Extremo Oriente, en el Pacífico y en el Atlántico.

Campaña serbia

Austria atacó Serbia el 28 de julio con fuego de artillería, aunque las ofensivas de importancia no comenzaron hasta el 12 de agosto. Apenas una semana después, en la batalla de Cer, los austrohúngaros sufrieron su primera derrota mientras los aliados conseguían su primera victoria de importancia en la guerra. En las dos semanas posteriores al inicio de las hostilidades los ataques austríacos se saldaron con graves pérdidas que pronto desvanecieron las esperanzas de una victoria rápida. Esta primera campaña finalizó en diciembre de 1914 con la derrota austrohúngara y la inesperada victoria serbia tras la decisiva batalla de Kolubara, considerada «una de las mayores victorias del siglo XX».[72]

Ofensiva alemana sobre Bélgica y Francia

En líneas rojas, la invasión planificada de Francia, Bélgica y Luxemburgo por parte de Alemania en su Plan Schlieffen; y en líneas azules el Plan XVII de Francia para atacar Alemania en caso de conflicto

Con el inicio de las hostilidades, la orden de batalla alemana colocó al 80 % de su ejército en el frente occidental y el resto de fuerzas debían actuar en el este pero con carácter defensivo, ya que el plan era obtener una rápida victoria sobre Francia para después centrar los esfuerzos contra Rusia.

La ofensiva alemana en Occidente se tituló oficialmente Aufmarsch II West, pero es mejor conocida como «Plan Schlieffen» en honor a su creador Alfred von Schlieffen, fallecido apenas un año antes de ver en marcha su plan. Schlieffen había mantenido deliberadamente debilitado el flanco alemán en Alsacia y Lorena para incitar a los franceses a atacar por allí, mientras una mayoría de tropas fueron asignadas más al norte para barrer Bélgica y avanzar rápidamente hacia París y así arrinconar a los ejércitos franceses contra la frontera suiza. El llamado «Plan XVII» francés, adoptado en 1913 para una hipotética guerra en Francia y Alemania, preveía precisamente un ataque frontal contra Alsacia y Lorena, en la creencia de que Bélgica no sería invadida por Alemania y también en el espíritu revanchista francés de la época, que aspiraba a retomar aquellas provincias perdidas en la guerra franco prusiana de 1871, con lo que facilitó considerablemente la estrategia inicial alemana.[74]

El frente occidental una vez estabilizado tras el fin de la ofensiva inicial a finales de 1914

El 4 de agosto de 1914, el ejército alemán abrió el frente occidental invadiendo Bélgica y Luxemburgo, con un ataque a la ciudad de Lieja. El avance alemán en los primeros compases del frente occidental fue muy exitoso: a finales de agosto la Fuerza Expedicionaria Británica estaba en desbandada total; las bajas francesas en el primer mes de combates superaron las 260 000, incluidos 27 000 muertos solo el 22 de agosto en la batalla de las Fronteras.[76]​ La primera batalla del Marne, donde parte de las tropas de reserva francesas llegaron al frente gracias a los taxis de París, significó el fracaso del plan alemán y el comienzo de la «carrera hacia el mar», una toma de posiciones entre Alsacia y la costa belga en el mar del Norte. Los alemanes, al ser la fuerza de ocupación, pudieron elegir mejores posiciones donde detener su avance: normalmente se asentaban en posiciones elevadas y las trincheras que empezaban a levantarse estaban mejor construidas que sus homólogas anglo francesas, ya que inicialmente la Entente pensó que serían temporales y un paso previo para atacar las defensas alemanas.

Con el estancamiento del frente quedó claro que las tácticas militares previas a la Primera Guerra Mundial estaban obsoletas y no habían logrado desarrollarse al mismo ritmo que los avances tecnológicos. Estos avances permitieron la creación de sistemas defensivos tan fuertes que las desactualizadas tácticas militares no pudieron hacer nada contra ellos durante la mayor parte de la guerra. El alambre de púas fue un obstáculo de envergadura para los avances masivos de la infantería, mientras que la artillería, mucho más letal que en la década de 1870, junto con las ametralladoras, hicieron casi imposible el despliegue de la infantería a campo abierto. Los comandantes de ambos bandos no lograron desarrollar tácticas que pudiesen romper las posiciones enemigas sin que ello dejara un reguero de bajas, aunque con el tiempo la misma tecnología que parecía hacer infranqueables las defensas logró producir nuevas armas ofensivas como carros de combate o gas venenoso. Con todo lo anterior, a finales de 1914 los tropas alemanes estaban fuertemente aferradas a sus posiciones en Francia, donde controlaban la mayor parte de las minas de carbón francesas y habían infligido a sus enemigos 230 000 bajas más de las que ellos habían sufrido. Sin embargo, Alemania había fracasado en su objetivo de evitar una guerra indefinida y en dos frentes, lo que equivalía a una derrota estratégica;[78]

Apertura del frente oriental

Situación del frente oriental en el otoño de 1914

En 1911, la Stavka rusa acordó con los franceses atacar Alemania en una quincena tras el inicio de la movilización, y realizar una invasión simultánea de la Galitzia austríaca y de Prusia Oriental. Un acuerdo falto de realismo que dejó ver sus carencias cuando el 17 de agosto de 1914, los dos ejércitos rusos que invadieron casi por sorpresa Prusia Oriental lo hicieron sin muchos de sus necesarios elementos de apoyo;[79]​ el 2º Ejército ruso fue aniquilado por los alemanes en apenas unos días en la batalla de Tannenberg, pero el avance ruso obligó a los alemanes a replegar el 8º Ejército de Francia para ser enviado a Prusia Oriental, lo que lastró el avance en el frente occidental. En el sur, los rusos lograron internarse en Galitzia, lo que obligó a los austríacos a destinar tropas adicionales, dando un respiro a los serbios en el frente balcánico. Así pues, Rusia obtuvo un resultado inicial positivo en su ataque a Austria-Hungría, pero en cambio en septiembre de 1914 tras Tannenberg y los lagos Masurianos, Hindenburg y Ludendorff ya habían expulsado a las fuerzas rusas de Prusia.

Entrada del Imperio otomano

A finales de octubre, los dos cruceros «turcos» —en realidad, el SMS Goeben y el SMS Breslau vendidos ficticiamente a los otomanos—[nota 2]

El sultán, que no tomó parte en la decisión de declarar la guerra a los rusos,[93]​ tuvo que proclamar, en calidad de califa, la guerra santa a la Triple Entente.

Asia y el Pacífico

Evolución de las alianzas en la Primera Guerra Mundial:      Entente      Colonia, dominio y/o territorios ocupados por la Entente      Potencias centrales      Territorio ocupado por las potencias centrales o sus colonias      Neutral

Nueva Zelanda —por entonces un dominio dentro del Imperio británico— ocupó la Samoa alemana el 30 de agosto de 1914. El 11 de septiembre, la fuerza expedicionaria naval y militar de Australia desembarcó en la isla de Neu Pommern (Nueva Bretaña), parte de la Nueva Guinea Alemana. El 28 de octubre, el crucero alemán SMS Emden hundió el crucero ruso Zhemchug en la batalla de Tsingtao; Japón se apoderó entonces de las colonias de la Micronesia alemana tras el asedio de Tsingtao, y a continuación del puerto alemán de Qingdao en la península china de Shandong. Austria se negó a retirar el crucero SMS Kaiserin Elisabeth, anclado en Tsingtao, pretexto que uso Japón para extender su declaración de guerra a Austria Hungría; el barco fue hundido en noviembre de 1914.[96]

Alemania intentó valerse del nacionalismo indio y el panislamismo para perjudicar a su enemigo británico, primero instigando levantamientos en la India y luego con el envió de una misiva para convencer a Afganistán de entrar en guerra junto a las potencias centrales. Sin embargo, a pesar de los temores británicos de una posible revuelta, el estallido de la guerra tuvo el efecto contrario: muestras de lealtad sin precedentes y buena voluntad del subcontinente a Reino Unido.[100]

África

Algunos de los primeros enfrentamientos de toda la guerra involucraron a fuerzas coloniales británicas, francesas y alemanas en África. El 6 y el 7 de agosto de 1914, las tropas francesas y británicas invadieron el protectorado alemán de Togolandia y Kamerun. El 10 de agosto, las fuerzas alemanas de su colonia África del Sudoeste Alemana atacaron Sudáfrica. Desde el principio de la guerra y hasta su fin, la lucha en el continente en las colonias de los países europeos fue esporádica, pero también feroz. Las colonias alemanas estaban rodeadas por las británicas, francesas y otros aliados, por lo que fueron tomadas rápidamente. Solo las fuerzas coloniales alemanes de África Oriental Alemana al mando del coronel Paul von Lettow-Vorbeck resistieron, al librar una guerra de guerrillas durante todo el conflicto gracias a la cual no se rindieron hasta dos semanas después de finalizadas las hostilidades en Europa.[101]

Guerra naval

Un convoy siendo atacado, foto tomada en 1915 a bordo del HMS Louis.

Desde hacía un siglo, existía consenso entre las naciones sobre que el Imperio británico poseía el control absoluto de los mares, con la más grande e influyente armada del mundo.[103]

Al comienzo de la guerra, el Imperio alemán tenía dispersos sus buques por todo el mundo, y los utilizó para atacar barcos mercantes enemigos. La Royal Navy los persiguió de forma sistemática, aunque no pudo evitar episodios humillantes dada su incapacidad inicial de proteger las rutas comerciales, a pesar de su superioridad nominal. Por ejemplo, el crucero ligero alemán SMS Emden, con base en Qingdao (China) logró destruir o capturar 15 mercantes, además de hundir un crucero ruso y un destructor francés. Sin embargo, la mayor parte de la Ostasiengeschwader (escuadrón de Asia oriental) alemán, formado por los cruceros blindados SMS Scharnhorst y Gneisenau y los cruceros ligeros Nürnberg y Leipzig y dos barcos de transporte, no tenían órdenes de atacar mercantes y se dirigían de vuelta a Alemania cuando se encontraron con buques de guerra británicos. Aunque la flotilla, junto al SMS Dresde, consiguió hundir dos cruceros en la batalla de Coronel, fueron prácticamente destruidos en la batalla de las Malvinas de diciembre de 1914, cuando solo el Dresde y algunos barcos auxiliares escaparon, aunque fueron destruidos o capturados en su totalidad en la batalla de Más a Tierra.[105]​ y a la Armada Otomana durante la campaña de los Dardanelos.

Poco después del estallido de la guerra, Reino Unido comenzó un bloqueo naval sobre Alemania. La estrategia se mostró efectiva con el corte de suministros vitales civiles y militares, aunque el bloqueo también fue una violación en toda regla del derecho internacional aceptado entonces y codificado en acuerdos internacionales de los dos siglos precedentes.[109]

Entre mayo y junio de 1916 se produjo la batalla de Jutlandia, la más grande batalla naval de la guerra. Fue el primer y único choque directo entre acorazados a gran escala de la guerra y uno de los más grandes de la historia. La Hochseeflotte comandada por el vicealmirante alemán Reinhard Scheer se enfrentó contra la Gran Flota al mando del almirante británico John Jellicoe. El enfrentamiento acabó en un punto muerto: los alemanes se vieron superados por una flota de mayor tamaño, pero no solo lograron zafarse, sino que infligieron mayores daños que los recibidos. El resultado final fue que estratégicamente los británicos confirmaron su dominio de los océanos, mientras que la mayor parte de la flota alemana de superficie permaneció confinada en sus puertos hasta el fin del conflicto.[113]

Para 1917, la amenaza submarina había disminuido, y los buques mercantes viajaban en convoyes escoltados por destructores. La táctica dificultó las operaciones submarinas y disminuyó drásticamente el tonelaje hundido, aunque provocaba un menor flujo de suministros, ya que los barcos debían esperar mientras se reunían para formar los convoyes, aunque estos retrasos se intentaron solventar con un extenso programa de construcción de nuevos buques. Además se vivió la introducción de hidrófonos y cargas de profundidad, que permitían a los destructores tener alguna esperanza de hundir a los submarinos. Para cuando finalizó la guerra, las potencias centrales habían hundido más de 5000 barcos aliados, con unas pérdidas de 199 submarinos.[114]

En la Primera Guerra Mundial también se vio el primer uso de un portaaviones en combate, el HMS Furious, que realizó una exitosa incursión con aviones Sopwith Camel embarcados contra los hangares de zepelines alemanes en Tønder en julio de 1918. El epílogo a la contienda naval lo puso el hundimiento de la flota alemana bajo el mando de Ludwig von Reuter por sus propios tripulantes mientras se encontraba internada en Scapa Flow, para evitar que la Flota de Alta Mar fuera repartida entre los aliados.

1915

1916

1917

Entrada de Estados Unidos en la guerra

El presidente Woodrow Wilson, solicitando al Congreso de los Estados Unidos que declarase la guerra a Alemania el 2 de abril de 1917. Fotografía depositada en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos

Estados Unidos había seguido una política de no intervención y tanto su población como su gobierno estaban radicalmente en contra de cualquier tipo de intervención, e intentaban negociar propuestas de paz. Cuando el submarino SM U-20 alemán hundió el RMS Lusitania el 7 de mayo de 1915, con 128 estadounidenses fallecidos, el presidente Woodrow Wilson insistió en que Estados Unidos era «demasiado orgulloso para luchar», pero exigió el fin de los ataques a barcos de pasajeros, exigencia que Alemania cumplió. A pesar de ello, el presidente advirtió de forma reiterada que su nación no toleraría una guerra submarina sin restricciones, al tratarse de una violación del derecho internacional. Wilson fue reelegido en 1916 tras hacer campaña bajo el lema «él nos mantuvo fuera de la guerra» y el anterior presidente, Theodore Roosevelt, no dudó en calificar la actuación alemana como un acto de «piratería».[116]

En enero de 1917, Alemania reanudó la guerra submarina sin restricciones con la esperanza de que Gran Bretaña se rindiera, aunque los alemanes eran conscientes de que probablemente significaría la entrada definitiva de EE.UU. en la guerra. El 16 de enero de 1917, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Arthur Zimmermann, envió un telegrama —interceptado por la inteligencia británica y presentado por los británicos a los estadounidenses en su embajada en Londres— al embajador en México, Heinrich von Eckardt, con indicaciones precisas para convencer al presidente Venustiano Carranza, de que México entrase a la guerra del lado de los Imperios Centrales si Estados Unidos le declaraba la guerra a Alemania. A cambio, el telegrama prometía a México la restitución de los territorios anexionados por Estados Unidos en la guerra de 1847-1848 por el Tratado de Guadalupe-Hidalgo. Dicho telegrama también sugería que el presidente Carranza se comunicase con Tokio para llegar a un acuerdo que hiciera que el Imperio japonés se pasase al lado alemán. Carranza no aceptó la oferta, puesto que México estaba inmerso en la Revolución mexicana y no se encontraba en condiciones económicas adecuadas. Además, el mandatario se encontraba preocupado por la Expedición Punitiva estadounidense. México no solo no entró en la guerra, sino que envió a Francisco León de la Barra como alto comisionado mexicano de la Paz. El anuncio de la existencia del telegrama por Wilson a la población estadounidense constituyó el casus belli; a ello se sumó el hundimiento de siete barcos mercantes estadounidenses a manos de submarinos alemanes. Wilson recomendó finalmente declarar la guerra a Alemania el 2 de abril de 1917 y pidió a aquellos que estuviesen en contra que se uniesen a la causa «para poner fin a todas las guerras» y «eliminar el militarismo del mundo» –un argumentario similar al difundido extensamente por la propaganda británica durante toda la guerra; el Congreso votó y aprobó la declaración de guerra cuatro días después.[117]

Estados Unidos nunca formó parte de los Aliados formalmente, sino que se autodenominaba como un «poder asociado». Cuando Estados Unidos declaró la guerra, su ejército era minúsculo en comparación al de las potencias europeas, pero tras la aprobación de la Selectiv Service Act de 1917 reclutó rápidamente a 2,8 millones de hombres y para el verano de 1918 partían diariamente a Francia más de 10 000 soldados.[119]

La armada estadounidense envió a un grupo de acorazados a la base británica de Scapa Flow para unirse a la Gran Flota, mientras desplegaban destructores en Cobh (Irlanda) y sus submarinos ayudaban a los convoyes que cruzaban el Atlántico en labores de vigilancia. Varios regimientos de marines fueron enviados a Francia. Al contrario que británicos y franceses, los estadounidenses reclamaron que sus unidades se mantuviesen independientes en vez de usarse como tropas de refresco de las británicas y francesas que sostenían el frente; la Fuerza Expedicionaria Estadounidense tenía igualmente una doctrina de combate distinta a la de sus homólogos y entre otras cosas contemplaba aún los asaltos frontales en las ofensivas, cuando estas estrategias anticuadas habían sido hacía tiempo descartadas por británicos y franceses dadas las graves pérdidas sufridas.[120]

Revolución rusa

Manifestación de las mujeres de los trabajadores de la fábrica Putílov de Petrogrado, junto a soldados, en el primer día de la revolución de febrero

Antes de empezar la guerra, las principales rutas comerciales a Rusia pasaban por el mar Báltico y el mar Negro, por donde el imperio recibía el 70% y el 30% de sus importaciones, respectivamente. Con el advenimiento de la guerra, la inflación y la falta de alimentos crecieron con rapidez, así como las protestas de mujeres obreras, soldados y campesinos. Desde la revolución de 1905, los comités de trabajadores se organizaban en sóviets, que trataban de cumplir políticamente las demandas de manifestantes y obreros. Aunque compuestos principalmente por mencheviques y miembros del entonces poderoso Partido Social-Revolucionario (especialmente popular entre el campesinado), fueron desplazados por la facción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, cuyos líderes vivían en el exilio desde 1905.[123]

Rusia había logrado una notable victoria en la ofensiva Brusílov de junio de 1916 contra las fuerzas alemanas y especialmente contra las austrohúngaras al este de Galitzia, pero la ofensiva sufrió un revés cuando algunos generales rusos se negaron o titubearon a la hora de comprometer las unidades a su cargo y lograr alcanzar los objetivos iniciales. A pesar del breve alivio que supuso la entrada de Rumanía en la guerra el 27 de agosto, los disturbios crecían sin cesar en el interior de Rusia mientras el zar permanecía en el frente.

En marzo de 1917, las manifestaciones en Petrogrado culminaron con la abdicación del zar Nicolás II y la formación de un débil gobierno provisional que debía compartir el poder con el poderoso sóviet de Petrogrado. La dualidad de poderes condujo a la confusión y caos tanto en el frente como en el interior y el gobierno se encontró ante un ejército progresivamente más débil e ineficaz.[125]

El frente occidental: Alemania a la defensiva

Soldados australianos en el saliente de Ypres, cuyos bosques se observan completamente devastados, durante la tercera batalla homónima. Fotografía fechada el 29 de octubre de 1917, obra de Frank Hurley

En marzo de 1916, los alemanes habían comenzado su retirada a la línea Siegfried, parte de la línea Hindenburg, lo que daría lugar, al mismo tiempo que la guerra naval se intensificaba, al comienzo de las grandes batallas terrestres del Somme y Verdún. La retirada supuso un rotundo éxito militar: la situación táctica alemana en el frente mejoró y los ataques sorpresa aliados de la primavera de 1917 fueron un fracaso.[128]

En la batalla de Messines de entre mayo y junio, los británicos arrebataron a los alemanes posiciones de gran valor estratégico al sur de Ypres. La batalla comenzó con una gigantesca explosión bajo las trincheras alemanas: durante más de un año, mineros británicos habían excavado en secreto bajo el suelo enemigo y llenado galerías de bombas. Cuando se detonaron simultáneamente en la madrugada del 7 de junio, murieron al instante unos 10 000 soldados alemanes y afectó a varios miles más, convirtiéndose en una de las explosiones no nucleares más grandes de la historia. Messines permitió una nueva gran ofensiva aliada bajo liderazgo británico, la tercera batalla de Ypres, que se prolongó hasta noviembre, cuando las bajas conjuntas superaban ya el medio millón de hombres y los británicos solo habían logrado avanzar ocho kilómetros en el mejor de los casos.[131]

Durante la batalla de Cambrai, entre noviembre y diciembre de 1917, se vivió el primer uso operativo a gran escala de carros de combate en formación, «un hito en la historia bélica».[134]

Otros frentes

Avance de las potencias centrales en el frente italiano durante 1917

Los británicos renovaron su ofensiva en Mesopotamia a principios de año, tomando por sorpresa Bagdad el 11 de marzo, lo que obligó a los otomanos a replegarse a Mosul. La caída de Bagdad fue un duro golpe para el Imperio otomano y sus aliados, puso en tela de juicio el ferrocarril de Bagdad y el resto de planes sobre Oriente Medio, por lo que se planificó la reconquista de la ciudad. El 29 de junio, el Reino de Grecia entró en guerra del lado de la Entente tras unos años de inestabilidad donde el gobierno, favorable a los Aliados, se había visto comprometido y fracturado por la posición germanófila del rey Constantino I.[135]

En la 11.ª batalla del Isonzo (17 de agosto - 12 de septiembre) Austria-Hungría escapó por poco de lo que se habría convertido en una gran derrota. Ante el miedo a no poder resistir una nueva ofensiva italiana, Austria solicitó apoyo alemán, que aportó al 14.º Ejército de Von Bulow. Las potencias centrales se adelantaron a la ofensiva italiana y en la 12.ª batalla del Isonzo obtuvieron un sorprendente avance de 130 kilómetros en apenas unos días; los italianos perdieron a más de 300 000 hombres frente a unos 70 000 de las potencias centrales y el frente si situó a apenas 30 kilómetros de Venecia. Nuevas tácticas, como la «táctica de infiltración» desarrollada por un joven oficial llamado Erwin Rommel contribuyeron al éxito germano. El desastre italiano produjo un giro extraordinario: la población italiana pasó de considerar la guerra como «una guerra de agresión a una guerra defensiva»[136]

El 9 de diciembre de 1917, tropas británicas tomaron Jerusalén sin combatir debido a que el Alto Mando Alemán había decidido la evacuación de la ciudad ante el riesgo de que la reputación alemana se resintiera por la posible destrucción de lugares sagrados en eventuales combates.

1918

Ofensiva alemana de primavera

Caricatura de propaganda estadounidense en donde se representa el cumplimiento de los Catorce Puntos como único camino hacia la paz con el gobierno alemán y su emperador (E. A. Bushnell, 1918).

Desde noviembre de 1917 el Alto Mando Alemán discutía una posible ofensiva de carácter decisivo en el frente occidental para la primavera de 1918. Su objetivo principal era la Fuerza Expedicionaria Británica (BEF), comandada por el mariscal de campo Douglas Haig y que los alemanes creían agotada desde las batallas de Arras, Messines, Passchendaele y Cambrai de 1917. El 21 de enero de 1918, el general Erich Ludendorff tomó la decisión final de atacar,[142]

Mapa de las ganancias territoriales alemanas en la ofensiva de primavera y sus distintas operaciones entre marzo y julio de 1918

A mediados de febrero de 1918, cuando Alemania ultimaba la rendición rusa y la firma del tratado de Brest-Litovsk, Ludendorff ya había transferido casi 50 divisiones del frente oriental al occidental y en vísperas de la gran ofensiva los alemanes superaban en número a los ejércitos aliados. Alemania tenía 192 divisiones (la totalidad del ejército alemán se componía de 241)[144]

La ofensiva, con nombre en código «Michael», comenzó el 21 de marzo de 1918 con un ataque contra las fuerzas británicas en San Quintín; los alemanes lograron un extraordinario avance de 60 kilómetros en territorio enemigo.[145]​ Las trincheras británicas y francesas fueron penetradas con nuevas tácticas de infiltración o «tácticas Hutier», en honor al general Oskar von Hutier, por parte de soldados especialmente entrenados conocidos como «soldados de asalto». Si anteriormente los ataques se habían caracterizado por largos bombarderos previos de artillería y asaltos masivos, en la ofensiva de primavera los alemanes solo utilizaron brevemente la artillería y a continuación pequeños grupos de soldados se habrían paso en los puntos débiles del enemigo. Una vez que las áreas de logística y de mando habían sido tomadas por los «soldados de asalto», el resto de la infantería atacaba de forma masiva y destruía los núcleos aislados de resistencia.

Nido de ametralladoras francés durante la segunda batalla del Marne, 1918

El frente se movió entonces a menos de 120 kilómetros de París. El temor se apoderó de los parisinos y muchos huyeron e incluso tres cañones ferroviarios Krupp llegaron a disparar 183 proyectiles sobre la capital gala. La ofensiva tuvo tal éxito inicial que Guillermo II declaró el 24 de marzo fiesta nacional; muchos alemanes pensaron entonces que la victoria estaba cerca. Sin embargo, después de duros combates, la ofensiva llegó a un punto muerto, especialmente debido a la carestía de carros de combate y artillería motorizada, que impidió a los alemanes consolidar sus ganancias. Los problemas de abastecimiento se exacerbaron al aumentar las distancias y tener que desplazarse sobre un terreno intransitable después de años de conflicto.[147]

Después de la operación Michael, Alemania lanzó la operación Georgette para alcanzar los puertos del norte del Canal de la Mancha. Los aliados detuvieron la ofensiva después de un limitado avance alemán. El ejército alemán lanzó entonces las operaciones Blücher y Yorck hacia el sur, en dirección a París, y en un intento alemán de rodear Reims el 15 de julio, comenzó la decisiva segunda batalla del Marne. El contraataque aliado, comienzo de la «Ofensiva de los Cien Días», supuso la primera ofensiva aliada exitosa de toda la guerra. Para el 20 de julio, los alemanes ya habían retrocedido a sus posiciones iniciales tras atravesar el río Marne,[148]​ agotado y con unas ganancias ínfimas, el ejército alemán jamás recuperó la iniciativa. Entre marzo y abril de 1918 los alemanes tuvieron 270 000 bajas, incluyendo a muchos de sus soldados más altamente entrenados. Para contribuir a la caótica situación, las marchas contra la guerra se hacían más crecientes en Alemania y a mediados de año la producción industrial apenas era la mitad que en 1913.

Ofensiva final y victoria aliada

Columna de prisioneros alemanes ante la mirada de soldados aliados cerca de Amiens el 9 de agosto de 1918, durante la «Ofensiva de los Cien Días».

La contraofensiva aliada, conocida como «la Ofensiva de los Cien Días», comenzó el 8 de agosto de 1918 con el inicio de la batalla de Amiens, que involucró a más de 120 000 soldados franceses y británicos, además de 400 de sus carros de combate. En su primer día los aliados habían abierto una brecha de 24 kilómetros en las líneas alemanas y los defensores comenzaron a mostrar un marcado colapso de la moral, lo que Ludendorff definió como el «Día Negro del ejército alemán».[150]

Después del avance inicial, los defensores alemanes recompusieron las líneas y la batalla terminó sin cambios sustanciales el 12 de agosto, sin embargo, al contrario que en las largas batallas de los años precedentes, los aliados no se limitaron a continuar, sino que, al darse cuenta sus líderes de que una vez recompuestas las líneas enemigas tras el éxito inicial las pérdidas de vidas eran enormes sin que ello repercutiera en conquistas sobre el terreno, desviaron su atención a otras zonas del frente. De esta forma comenzaron ataques rápidos con éxitos iniciales en los flancos y cuando cada ataque perdía su ímpetu inicial simplemente se interrumpían.[151]

El día después de comenzar la ofensiva, Ludendorff dijo: «ya no podemos ganar la guerra, pero tampoco debemos perderla». El 11 de agosto ofreció su renuncia al Káiser, quien la rechazó y le respondió: «debemos lograr un equilibrio; casi hemos alcanzado el límite de nuestra capacidad de resistencia, la guerra debe terminar». El 13 de agosto en Spa, Hindenburg, Ludendorff, el canciller y ministro de asuntos exteriores Hintz, acordaron que la guerra no podía terminar militarmente y al día siguiente el Consejo de la Corona alemana decidieron que la victoria bélica era cada vez «más improbable». Austria-Hungría advirtió a su aliado que no podría continuar la guerra más allá de diciembre y Ludendorff recomendó entablar de forma inmediata negociaciones de paz. El príncipe Ruperto llegó a decir al príncipe Maximiliano de Baden que «nuestra situación militar se ha deteriorado tan rápidamente que ya no creo que podamos resistir al invierno, incluso puede que la catástrofe ocurra antes».[152]

Evolución del número de fusileros disponibles en el frente[153]
Facción 1 de mayo de 1918 1 de agosto de 1918 1 de noviembre de 1918
Aliados 1.343.000 1.672.000 1.455.000
Alemanes 1.600.000 1.395.000 866.000

Las fuerzas británicas y de sus colonias comenzaron la siguiente fase de la campaña el 21 de agosto con la batalla de Albert;[152]

Avance aliado a la línea Hindenburg
Tropas estadounidenses (se puede ver entre otros a dos soldados armados con un cañón de Infantería de 37 mm modelo 1916 TRP) intentan avanzar hacia las trincheras alemanas en el transcurso de la ofensiva de Meuse-Argonne, en el camino aliado hacia la línea Hindenburg.

En septiembre, los aliados avanzaron hacia la línea Hindenburg por el norte y el centro del frente. Los alemanes continuaron luchando y plantaron una fuerte resistencia en retaguardia y numerosas operaciones de contraataque, pero las posiciones avanzadas fueron cayendo hasta la línea y en la última semana de septiembre las fuerzas expedicionarias británicas hicieron 30 441 prisioneros. El 24 de septiembre un asalto francobritánico llegó a menos de tres kilómetros de San Quintín y los alemanes se replegaron por completo a posiciones a lo largo o incluso detrás de la línea Hindenburg. Ese mismo día, el Comando Supremo del Ejército alemán informó a los líderes del país en Berlín que las conversaciones para la firma de un armisticio eran inevitables.[152]

El asalto final a la línea Hindenburg comenzó el 26 de septiembre con la ofensiva de Meuse-Argonne por parte de tropas estadounidenses y francesas. La semana siguiente las mismas fuerzas combinadas irrumpieron en Champaña en la batalla de Blanc Mont Ridge, lo que obligó a los alemanes a abandonar sus ventajosas posiciones topográficas y retirarse a la frontera belga.[158]​ El ejército alemán tuvo que acortar el frente y usó la frontera holandesa como pivote de apoyo para asegurar su retaguardia mientras se retiraba hacia Alemania.

Cuando Bulgaria firmó un armisticio unilateral el 29 de septiembre, Ludendorff, bajo un cuadro de enorme estrés en los últimos meses, sufrió un desvanecimiento, casi como un colapso. Se hacía evidente que Alemania no podía organizar a estas alturas de la guerra una defensa eficaz y el colapso del frente de los Balcanes significaba que las principales rutas de suministro de petróleo y alimentos estaban muy cerca de perderse, además, sus reservas se estaban agotando y 10 000 soldados estadounidenses llegaban diariamente al continente.[159]

Revolución y rendición alemana
Soldados y marineros revolucionarios ondeando la bandera roja frente a la Puerta de Brandeburgo en Berlín, el 9 de noviembre de 1918, día de proclamación de la República de Weimar en Alemania

La noticia de la inminente derrota militar de Alemania se extendió rápidamente por todas sus fuerzas armadas y con ella la amenaza de un motín. El almirante Reinhard Scheer y Ludendorff decidieron lanzar un último ataque naval para «restaurar el valor» de la armada alemana.

En el norte de Alemania, la revolución comenzó en octubre de 1918, cuando unidades de la armada se negaron a zarpar en esa última operación a gran escala, ya que creían que la guerra estaba perdida y sería un sacrificio inútil. La revuelta de los marineros en los puertos de Kiel y Wilhelmshaven se extendió por todo el país en cuestión de días y condujo a la proclamación de la república el 9 de noviembre de 1918, poco después de la abdicación del káiser Guillermo II y la rendición del país.[164]

Con unas fuerzas armadas vacilantes y una pérdida de confianza generalizada en el emperador, que además de abdicar huyó del país, llevó a la rápida rendición de Alemania. El príncipe Maximiliano de Baden se hizo cargo del nuevo gobierno el 3 de octubre en calidad de canciller del país para negociar con los Aliados. Las negociaciones con el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, comenzaron de inmediato con la esperanza de que los estadounidenses ofrecieran mejores condiciones que sus homólogos británicos y franceses. Wilson exigió una monarquía constitucional y el sometimiento del ejército al poder legislativo, es decir, al parlamento.[166]

Resto del mundo

Soldados británicos en Palestina durante la batalla de Megido, junio de 1918

En enero de 1918 las fuerzas rumanas tomaron Besarabia coincidiendo con la retirada del ejército ruso. Aunque los gobiernos rumano y bolchevique firmaron un tratado tras las conversaciones del 5 al 9 de marzo donde se establecía la retirada rumana de Besarabia en un plazo de dos meses, el 27 de marzo Rumania anexionó formalmente la provincia, habitada por una mayoría rumana y excusándose en una resolución aprobada por la asamblea provincial para la unificación con Rumanía.[169]

En el frente balcánico, las tropas serbias y francesas finalmente lograron un gran avance en septiembre de 1918 durante la ofensiva del Vardar, tras la retirada de las tropas de Alemania y Austria-Hungría. Los búlgaros fueron derrotados en la batalla de Dobro Polje y para el 25 de septiembre las tropas francobritánicas habían cruzado la frontera de Bulgaria, cuyo ejército colapsó. Bulgaria se rindió cuatro días después, el 29 de septiembre de 1918.[172]

En Mesopotamia, a principios de 1918 la línea de frente se extendió hasta el valle del Jordán, después de una serie de ataques del Imperio británico entre marzo y abril de 1918.[173]

En septiembre de 1918, la Fuerza Expedicionaria Egipcia, ya reorganizada y con una división adicional de montaña, rompió las líneas otomanas en la batalla de Megido. En dos días, la infantería india y británica, apoyada por fuertes bombardeos, rompió la línea de frente, capturó el puesto de mando del 8.º Ejército otomano en Tulkarm y el cuartel general del 7.º Ejército otomano en Naplusa. A partir de entonces, se precipitaron los acontecimientos: fuerzas británicas junto con lanceros indios e infantería montada neozelandesa en el valle de Jezreel tomaron Nazaret, Afula, Beit She'an y Jenin, además de Haifa en la costa mediterránea y Daraa al este del río Jordán en la línea de ferrocarril de Hejaz. En el camino hacia Damasco, la Entente conquistó Samaj y Tiberíades, en el mar de Galilea; mientras tanto, una fuerza combinada de tropas de Nueva Zelanda, la India, Australia e infantería judía tomó los puentes del río Jordán en As-Salt y Amma, además de hacer prisionera a la mayor parte del 4.º Ejército otomano. El armisticio de Mudros, firmado en octubre, puso fin a las hostilidades con el Imperio otomano, que continuaba resistiendo al norte de la ciudad de Alepo.

Armisticios y capitulaciones

Las delegaciones francesa e inglesa tras la firma del armisticio con Alemania posando junto al «vagón del armisticio». Se puede ver a líderes militares como Ferdinand Foch y George Hope.Ese mismo vagón de tren fue el lugar elegido por Adolf Hitler para la simbólica firma de la rendición francesa en junio de 1940.[174]

El colapso de las potencias centrales se produjo con velocidad; Bulgaria fue la primera en firmar un armisticio y además de forma unilateral, el armisticio de Tesalónica,[175]

El 24 de octubre los italianos habían retomado la iniciativa ofensiva y en pocos días recuperaron el territorio perdido después de su victoria en la batalla de Caporetto. La ofensiva italiana significó el fin de Austria-Hungría como imperio y la batalla de Vittorio Veneto acabó de desintegrar los restos de su ejército. En la última semana de octubre se promulgaron declaraciones de independencia en Budapest, Praga y Zagreb. El 29 de octubre, las autoridades imperiales pidieron un armisticio a Italia, pero esta lejos de detenerse continuó internándose hasta llegar a Trento, Udine y Trieste. El 3 de noviembre Austria envió una bandera blanca en señal de una nueva solicitud de armisticio, el cual fue arreglado por telégrafo con la autoridad aliada en París y comunicado al comandante austríaco, quien aceptó los términos. El 3 de noviembre se firmó oficialmente el armisticio entre Austria y los Aliados en Villa Giusti, cerca de Padua; la desintegración del imperio y el fin de la dinastía Habsburgo hizo que Austria y Hungría firmaran tratados por separado. En los días siguientes Italia ocupó la ciudad austríaca de Innsbruck y todo el Tirol con más de 20 000 soldados.[176]

El 11 de noviembre, a las cinco de la mañana, se firmó el armisticio con Alemania en un vagón de ferrocarril en Compiègne, concretamente en el bosque de Compiègne, en el llamado «claro de Rethondes». A las 11 de la mañana del mismo día 11 de noviembre de 1918 («a la undécima hora del undécimo día del undécimo mes») entró en vigor el alto el fuego. Durante las seis horas que transcurrieron entre la firma del armisticio y su entrada en vigor, los ejércitos desplegados en el frente Occidental comenzaron a retirarse ordenadamente de sus posiciones, aunque la lucha continuó de manera aislada en algunas zonas, ya que en un último esfuerzo por hacer méritos, algunos oficiales intentaron la captura de territorio enemigo cercano. Menos de un mes después comenzó la ocupación de Renania compuesta por un ejército multinacional formado por soldados estadounidenses, belgas, británicos y franceses.

Aunque en noviembre de 1918 los aliados tenían suficientes reservas de hombres y material para invadir Alemania, en el momento del armisticio ninguna fuerza aliada se internó más allá de la frontera alemana; el frente estaba a unos 720 kilómetros de Berlín y los ejércitos imperiales se habían replegado cuidadosamente. Estos hechos permitieron a Hindenburg, otros líderes del alto mando y a parte de la derecha alemana difundir la «leyenda de la puñalada por la espalda», al manifestar que sus ejércitos realmente no habían sido derrotados en el campo de batalla, sino que la derrota era producto de la negativa de la población a responder a la «llamada patriótica» y al supuesto sabotaje interno del esfuerzo de guerra por parte fundamentalmente de socialistas, judíos y bolcheviques.[179]