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Las tensiones en el Magreb

El Magreb sufre, también, las consecuencias del integrismo islámico. Egipto y Argelia tienen partidos islámicos que han optado por el terrorismo como forma de hacer llegar sus posturas al poder.

La Libia de Muammar al-Gaddafi ha sufrido en numerosas ocasiones ataques diplomáticos de Estados Unidos, al ser acusada de ser un centro activo del terrorismo internacional. Se trata de un extraño régimen a medio camino entre el socialismo y el islamismo.

Los países más estables de la zona son Túnez y Marruecos, aunque tienen grandes problemas económicos. Marruecos es la plataforma en la que se encuentran todas las personas de los países africanos que intentan entrar ilegalmente en Europa. Su aventura consiste en cruzar la frontera de Ceuta y Melilla o atravesar el estrecho de Gibraltar en pateras. Últimamente también se aventuran a atravesar el Atlántico hasta las islas Canarias. Este intento frecuentemente termina con la muerte, o la repatriación en el mejor de los casos. Otro conflicto marroquí se encuentra en la frontera sur. Desde 1975, en que España abandonó el Sáhara, Marruecos recuperó la zona. Con ello, el Frente Polisario pasa de luchar contra España a hacerlo contra Marruecos. El Frente Polisario reclamaba el derecho de autodeterminación para el Sáhara. Este derecho fue reconocido por la ONU, pero hasta la fecha no se ha convocado el referéndum y el Frente Polisario ha luchado contra Marruecos con guerra de guerrillas.

En 2011 miles de manifestantes en Yemen salieron a las calles de la capital, Saná, para pedir la salida del presidente Ali Abdullah Saleh. En Egipto, sumaron más de seis los muertos por las protestas en contra del presidente Hosni Mubarak. Todo comenzó en Túnez, donde tras semanas de movilizaciones contra la corrupción, el hambre y el desempleo, la presión popular logró la salida del presidente Zine al-Abdine Ben Ali.[3]