Capitalismo | críticas al capitalismo
English: Capitalism

Críticas al capitalismo

Pyramid of Capitalist System, póster del sindicato Industrial Workers of the World. Critica el capitalismo representándolo como una estructura jerárquica de clases sociales.

Parte de la crítica al capitalismo es la opinión de que es un sistema caracterizado por la explotación de la fuerza de trabajo humano al constituir el trabajo como una mercancía más. Esta condición sería su principal contradicción: medios de producción privados con fuerza de trabajo colectiva, de este modo, mientras en el capitalismo se produce de forma colectiva, el disfrute de las riquezas generadas es privado, ya que el sector privado "compra" el trabajo de los obreros con el salario. La alternativa histórica al capitalismo con mayor acogida ha estado representada por el socialismo.[cita requerida]

Marxismo

Para el materialismo histórico (el marco teórico del marxismo), el capitalismo es un modo de producción. Los marxistas creen que las desigualdades sociales se deben a una continua lucha social, la "lucha de clases" que tendría una inevitable evolución en el comunismo, en este sistema se plantea una mejora en las relaciones socio-económicas que mejoraría las condiciones laborales de los trabajadores y evitaría la injusticia social que ellos creen que tiene lugar en el capitalismo.

Esta construcción intelectual es originaria del pensamiento de Karl Marx (Manifiesto Comunista, 1848, El Capital, 1867) y deriva de la síntesis y crítica de tres elementos: la economía clásica inglesa (Adam Smith, David Ricardo y Thomas Malthus), la filosofía idealista alemana (fundamentante la dialéctica hegeliana) y el movimiento obrero de la primera mitad del siglo XIX (representado por autores que Marx calificaba de socialistas utópicos).

Capitalismo e imperialismo

Los críticos del capitalismo lo responsabilizan de generar numerosas desigualdades económicas. Tales desigualdades eran muy acusadas durante el siglo XIX, sin embargo, a lo largo de la industrialización (principalmente en el siglo XX) se experimentaron notables mejorías materiales y humanas. Los críticos del capitalismo (John A. Hobson, Imperialism, a study, Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo) señalaron desde finales del siglo XIX que tales avances se obtuvieron por un lado a costa del colonialismo, que permitió el desarrollo económico de las metrópolis, y por otro lado gracias al Estado del Bienestar, que suavizó los efectos negativos del capitalismo e impulsó toda una serie de políticas cuasisocialista.

Otras críticas al capitalismo que se enlazan a décadas anteriores con el mismo matiz antiimperialista (a partir del pensamiento centro-periferia) provienen de los movimientos antiglobalización, que denuncian al modelo económico capitalista y las empresas transnacionales como el responsable de las desigualdades entre el Primer Mundo y el Tercer Mundo, teniendo el tercer mundo una economía dependiente del primero.

El mercado como institución no natural

Desde una perspectiva no estrictamente marxista, Karl Polanyi (La gran transformación, 1944) insiste en que lo crucial en la transformación capitalista de economía, sociedad y naturaleza fue la conversión en mercancía de todos los factores de producción (tierra, o naturaleza y trabajo, o seres humanos) en beneficio del capital.

Capitalismo como religión

Capitalismo como religión es un escrito póstumo de 1921 del filósofo alemán Walter Benjamin que contiene una crítica profunda al capitalismo. El texto indaga en la naturaleza religiosa del capitalismo como una dogmática inhumana: la identificación del pecado y la culpa religiosa y la deuda impuesta por el capitalismo (el término alemán utilizado en el escrito Schuld significa a la vez deuda y culpa). Para Michael Löwy el escrito es una lectura anticapitalista de Max Weber.[54]​ En este sentido, se ha afirmado con relación al vínculo entre capitalismo y religión:

Con relación a la percepción religiosa de la riqueza, podría decirse que el dilema del capital —su pecado capital cabría decir— y el origen de la hostilidad que en ocasiones genera, podría explicarse por su desapego crónico hacia la auténtica riqueza: toda aquella que no consista en dinero. Algo que ha quedado sintetizado en el conocido adagio atribuido al emperador Vespasiano: «pecunia non olet». Frente a este planteamiento, resulta comprensible que haya quien entienda que la acumulación de riquezas nada tiene que ver con la moral (aunque, en realidad, esta tenga que ver con todo), sin embargo, no cabe duda de que un rasgo del capitalismo es el de desatender el origen y destino del capital, sirviendo lo mismo para financiar un hospital para refugiados que para financiar la guerra que los ha convertido en tales.[55]

Ecologismo

La crítica ecologista argumenta que un sistema basado en el crecimiento y la acumulación constante es insostenible, y que acabaría por agotar los recursos naturales del planeta, muchos de los cuales no son renovables. Más aún si el consumo de estos recursos es desigual entre los países y en sus respectivas clases económicas. Hasta hace algunas décadas, se pensaba que los recursos naturales eran virtualmente inagotables y que la contaminación, pérdida de la biodiversidad y de paisajes eran costes asumibles del progreso.

Actualmente existen dos tendencias principales relacionadas con la crítica ecologista: aquella que defiende un desarrollo sostenible de la economía (que consistiría en adaptar el actual modelo al nuevo problema medioambiental), y otra que defiende un decrecimiento de la economía (que apunta directamente a nuevos sistemas de organización económica).[56]

Como contraparte al ecologismo colectivista, surge el ecologismo de mercado con base en la libertad individual. Este ecologismo plantea la protección de los ecosistemas desde el punto de vista del capitalismo libertario, los libertarios dicen que una definición de la propiedad privada en todos los recursos escasos, cada recurso escaso es usado más eficientemente, y por lo tanto, es regulado por el mercado, de igual manera el propietario siempre está interesado en que su tierra y animales estén sanos, usan el ejemplo de la privatización de los elefantes en Kenia y la recuperación de la población de estos para demostrar que una economía de mercado con propiedad privada, siempre tiene interés en un ecosistema sano. Desde el punto de vista de los libertarios, cuando no hay derechos de propiedad definidos ocurre la denominada tragedia de los comunes, donde el recurso es usado por todos de manera responsable y este se agota.