Biología de la conservación | contexto y tendencias

Contexto y tendencias

Al estudiar el contexto relacionado con la extinción de especies, los biólogos de la conservación abarcan las tendencias y procesos desde el pasado paleontológico hasta el presente ecológico.[118]

Extinción del Holoceno

Biólogos de la conservación publicaron evidencia de todos los rincones del planeta que indican que la humanidad puede estar causando la sexta extinción masiva del planeta.[130]

Estado de los océanos y arrecifes de coral

Las evaluaciones globales del estado de los arrecifes de coral siguen señalando tasas de disminución drásticas y rápidas. Para el año 2000, se había colapsado el 27 % de los ecosistemas de arrecifes de coral del mundo. El período de mayor disminución ocurrió en un episodio de «blanqueo» en 1998, cuando aproximadamente el 16 % de todos los arrecifes de coral en el mundo desaparecieron en menos de un año. El blanqueo de coral es causado por una mezcla de estrés ambiental, incluyendo el aumento de la temperatura oceánica y la acidificación, que conduce a la expulsión de las algas simbióticas y la muerte de los corales.[131]

Estas predicciones indudablemente parecerán extremas, pero es difícil imaginar cómo tales cambios no se llevarán a cabo sin cambios fundamentales en el comportamiento humano.
—J.B. Jackson[15]:11463

Los océanos están amenazados por la acidificación debido a un aumento en los niveles de CO2. Esto constituye una amenaza seria para las sociedades humanas que dependen en gran medida de los recursos naturales oceánicos. Existe preocupación que la mayoría de las especies marinas no podrán evolucionar o aclimatisar en respuesta a los cambios en la composición química del océano.[133]

Las perspectivas de evitar la extinción masiva no parecen buenas tomando en consideración que, según los informes, ya desaparició «[...] 90 % de todos los grandes (promedio aproximadamente ≥ 50 kg), atunes, marlines y tiburones en el océano».[15]

Grupos distintos a los vertebrados

También se plantearon serias preocupaciones acerca de grupos taxonómicos que no reciben el mismo grado de atención social, ni atraen la misma cantidad de fondos que los vertebrados. Estos incluyen hongos (incluyendo especies formadoras de líquenes),[138]

Un área de preocupación en el mundo de los insectos que ha llamado la atención del público es el misterioso caso de la desaparición de las abejas mieleras (Apis mellifera). Las abejas proporcionan un servicio ecológico indispensable ya que son responsable de la polinización de una gran variedad de cultivos agrícolas. Además, producen miel y cera que se utilizan ampliamente en el mundo entero.[141]

Otro ejemplo que vincula la biología de la conservación a los insectos, los bosques y el cambio climático es el brote del escarabajo del pino de montaña (Dendroctonus ponderosae) en Columbia Británica, Canadá, que infestó 470 000 km² de tierras boscosas desde 1999.[143]

Este impacto ["brote de escarabajo del pino"] convirtió el bosque de un pequeño sumidero neto de carbono en una gran fuente neta de carbono tanto durante, como inmediatamente después del brote. En el peor año, los impactos resultantes del brote de escarabajos en Columbia Británica fueron equivalentes al 75 % del promedio de las emisiones anuales de incendios forestales de todo Canadá durante 1959-1999.
Kurz et al.[88]

Biología de la conservación de parásitos

Una porción importante de las especies de parásitos están amenazadas por la extinción. Algunos están siendo erradicados como plagas de los seres humanos o animales domésticos, a pesar de que la mayoría de los parásitos son inofensivos. Las amenazas incluyen el declive o la fragmentación de las poblaciones de hospederos, o la extinción de las especies hospedadoras.

Amenazas a la biodiversidad

Hoy en día, las principales amenazas para la biodiversidad son la destrucción de hábitat (por la deforestación, expansión agrícola, desarrollo urbano), y la sobreexplotación (incluyendo el comercio de especies silvestres).[152]

Las actividades humanas están asociadas directa o indirectamente con casi todos los aspectos del actual espasmo de extinción.
—Wake y Vredenburg[119]

Sin embargo, las actividades humanas no causan necesariamente un daño irreparable a la biosfera. Existen ejemplos que demuestran que los humanos pueden coexistir de forma sostenible, al emplear la gestión ambiental y planificación de la conservación para la biodiversidad en todos los niveles, desde los genes hasta los ecosistemas.[153]

Muchas de las amenazas a la biodiversidad, como el cambio climático y las enfermedades, también afectan las áreas protegidas, dejándolas «no tan protegidas».[149]

«Los cuatro jinetes del apocalipsis»

Se ha bautizado con este ilustrativo aforismo a los cuatro principales agentes que conducen a la extinción, que son:[d]

  • La sobreexplotación que produce la reducción de los efectivos poblacionales.
  • La pérdida y fragmentación del hábitat de las especies.
  • La introducción de especies invasoras que compiten con las nativas o modifican sus hábitats.
  • Las interacciones sinérgicas por las cuales la extinción de unas especies producen extinciones en cadena de otras.

Sobreexplotación

La sobreexplotación consiste en la matanza a una tasa que está por encima del rendimiento máximo sostenible. Las especies más susceptibles son aquellas con bajas tasas intrínsecas de crecimiento, por ejemplo grandes mamíferos como las ballenas, elefantes y rinocerontes. Estas especies se vuelven incluso más vulnerables si son valiosas como alimento o como mercancía. El hombre principal depredador, en todos los casos continuó el abuso hasta que su inconsciencia terminó produciendo graves consecuencias en muchos de los casos.

Un ejemplo clásico del impacto que puede ocasionar la matanza excesiva de animales es la extinción de la paloma migratoria (Ectopistes migratorius). La paloma migratoria fue probablemente el ave más abundante en el mundo, con estimaciones de 1 a 5 mil millones de individuos, pero la caza por deporte y para utilizar su carne y plumas, combinada con la deforestación de bosques que constituían sus sitios de anidación, produjo una fuerte declinación (Bucher, 1992). La última paloma migratoria murió en cautiverio en el año 1914 en el zoológico de Cincinatti; esto produjo un rompimiento exiguo en el equilibrio del ecosistema, afectando a otra ave de la familia falconiforme el Halcón peregrino, que se alimentaba de la paloma migratoria. Debido a la presencia de otras especies de palomas en las regiones de caza, el halcón pudo modificar su presa básica por otras aves de tamaño mediano. En contraste, el factor determinante del exterminio aviario el hombre, al no percibir un detorioro significativo en su expansión consumista y sus diferentes actividades humanas siguió buscando nuevas variedades de aves, a tal punto que están extintas 120 especies y 1200 están amenazadas que necesitan esfuerzos para su conservación.

El zorro-lobo malvinense, Dusicyon australis, es una especie hoy extinta que habitaba en pastizales, turbales y costas oceánicas en el archipiélago malvinense, en el sudeste de Argentina. En 1839, seis años después de la visita de Charles Darwin al archipiélago, esta especie fue cazada por los loberos norteamericanos por su piel de muy buena calidad, lo que redujo el número de individuos. Sin embargo su extinción definitiva se habría producido hacia 1873-1876, exterminada por los ganaderos escoceses que la culparon de predar sobre sus ovejas (Chebez & Bertonatti, 1994).

Un ejemplo de sobreexplotación en plantas es el del árbol de madera negra del este de África, o Mpingo (Dalbergia melanoxylon), que se encuentra amenazado por explotación comercial, ya que su hermosa madera es utilizada para la fabricación de instrumentos de viento, especialmente clarinetes y oboes, y para trabajos de tallado en madera. Para evitar la extinción comercial de este árbol, se está realizando un proyecto de conservación denominado “Mpingo”, que intenta conservar los bosques en peligro promoviendo la explotación sostenible y socialmente equitativa de esta especie (Groom et al., 2006).

Pérdida y fragmentación del hábitat

Un hábitat puede ser degradado por agentes tales como un cambio en el régimen de fuegos o pastoreo por parte de ovejas y cabras. A veces el hábitat es eliminado, como en el caso del drenado de un ambiente acuático o la tala de un bosque.

Un ejemplo típico de destrucción del hábitat es la deforestación ocurrida en la región del Iguazú, donde se encuentran las fronteras de Brasil, Argentina y Paraguay. Allí la mayor parte del bosque fue destruido para realizar plantaciones de soja, y las grandes reservas de Argentina y Brasil que rodean a las cataratas del Iguazú protegen los últimos remanentes de esos bosques (Groom et al., 2006).

Los derrames de petróleo en los océanos son un ejemplo de degradación del hábitat que puede afectar a varias aves marinas, especialmente a los pingüinos africano y de pingüino de Magallanes, y que han provocado la contaminación permanente de las costas en las que habitan (Adams, 1994; Gandini et al., 1994).

Más comúnmente el hábitat es fragmentado, cuando parte de él es destruido para construir caminos, edificios, o realizar plantaciones. La fragmentación del hábitat puede ser analizada considerando la dinámica de las poblaciones subdivididas en pequeños parches. La función de incidencia es la tasa de ocupación de una especie de un hábitat en relación a su tamaño. En general hay una buena relación entre el tamaño corporal de los animales y el área requerida para la supervivencia y reproducción; los animales más grandes necesitan un hábitat de mayor área.

La ardilla roja (Sciurus vulgaris) ha sido afectada por la fragmentación de los bosques que habita en los Países Bajos, y se encontró que en muchos de los fragmentos de menor tamaño no está presente, quizá porque el área no es lo suficientemente grande como para que se establezca una población (Verboom & van Apeldoorn, 1990).

Especies introducidas

El tercer agente de disminución es la introducción de especies exóticas, ya sea intencionalmente o no. Este factor puede exterminar a las especies nativas por competencia, depredación o destrucción de su hábitat.

Las islas de Hawaii son famosas en el mundo por el extraordinario número de especies exóticas introducidas con éxito y por las cadenas de extinción resultantes que eliminaron plantas y aves nativas. En estas islas se introdujeron 870 especies de plantas, unos 2000 invertebrados y 81 vertebrados, y sus efectos en la flora y fauna nativa fueron devastadores (Dyke, 2008).

El mejillón cebra (Dreissena polymorpha) fue introducido accidentalmente en los grandes lagos de Norteamérica, donde se observó por primera vez en el año 1988. Debido a las condiciones favorables del hábitat, el mejillón cebra se multiplicó rápidamente y colonizó una enorme área, cambiando la abundancia relativa de la fauna bentónica nativa y cambiando la dinámica de los ecosistemas por el consumo de grandes cantidades de fitoplancton. Esta especie sigue expandiéndose y amenazando a las comunidades nativas (Pullin, 2002; Groom, 2006).

Cadenas de extinción

En esta categoría están las extinciones secundarias, es decir la extinción de una especie causada por la extinción de otra especie de la cual ésta depende. Los ejemplos más claros de cadenas de extinción involucran a grandes predadores que desaparecieron cuando su presa se extinguió.

La extinta águila del bosque (Harpagornis moorei) de Nueva Zelanda, que pesaba de 10 a 13 kg y predaba sobre grandes aves terrestres, se extinguió alrededor del año 1400 d. C., cuando desaparecieron las moas en Nueva Zelanda (Holdaway, 1989; Krebs, 2009).