Torre Nueva

La Torre Nueva. Fotografía de J. Laurent, hacia el año 1876.

La Torre Nueva, fue la más famosa torre mudéjar de la ciudad española de Zaragoza. Levantada en la actual plaza de San Felipe, constituyó el primer gran edificio construido en la ciudad durante el siglo XVI.

De 1504 a 1512,[1]​ el concejo mandó construir una torre civil, para albergar el reloj público —construido por el leridano Jaime Ferrer— y las campanas que regulasen la vida de la ciudad. Las campanas se colocaron en 1508. La torre estaba construida con ladrillo en estilo mudéjar por los maestros cristianos (Gabriel Gombao y Antón Sariñena) y los mudéjares (Juce Galí, Ismael Allabar y el maestro Monferriz). Se empezó a derribar en 1892 por decisión del Ayuntamiento de Zaragoza.

Descripción del monumento

Zaragoza, la Torre Nueva. Años 1865-1867. Fotografía de José Martínez Sánchez, asociado a J. Laurent.

De cuatro alturas, la primera tenía forma de estrella de dieciséis puntas y las siguientes eran octogonales con contrafuertes angulares, característica propia de estas torres en el siglo XVI y modelo y ejemplo para otras torres como la de Santa María de Calatayud. El remate fue añadido en 1749, siendo este un vistoso triple chapitel, con cubiertas de pizarra, eliminado a partir de 1878.

La Torre Nueva de Zaragoza, fotografiada después de 1878, desmochada, sin su triple chapitel, y antes de empezar a ser demolida en 1892.

Animaba el edificio una gran decoración a base de figuras geométricas y de cerámica; además se abrían vanos con arcos apuntados.

La torre empezó a inclinarse poco tiempo después de su construcción, posiblemente debido a las prisas en construir los cimientos y el primer cuerpo: la parte sur de la torre fraguó más rápidamente que la parte norte, lo que causó una diferencia en las tensiones de ambos lados que inclinaría la torre. Se intentó poner remedio reforzando los cimientos, pero la inclinación se mantuvo.[1]​ Su inclinación o desviación respecto a la vertical era de casi tres metros.

Desde el mismo siglo XVI, la torre se convierte en símbolo de la ciudad.

Durante los Sitios (1808-09), la torre se empleó para vigilar los movimientos de las tropas francesas, además de para dar el aviso en caso de peligro.

Estaba considerada como la más famosa torre inclinada española. En el siglo XIX fue muy reproducida por grabadores y fotógrafos. Entre las vistas fotográficas conservadas destaca la realizada por Charles Clifford, en octubre de 1860, o las diferentes tomas de J. Laurent, entre los años 1863 y 1877. Pero también fue inmortalizada por fotógrafos locales como Júdez o Coyne.