Gobierno belga en el exilio


Gouvernement Pierlot IV
Regering-Pierlot IV
Gobierno belga en el exilio

Gobierno en el exilio

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1940-1944

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Escudo
BanderaEscudo
CapitalNo especificado
Capital en exilioLondres
Rey
 • 1940-1944Leopoldo III
(PDG en Bélgica)
Primer ministro
 • 1940-1944Hubert Pierlot
Período históricoSegunda Guerra Mundial
 • Ocupación28 de mayo de 1940
 • Liberación8 de septiembre de 1944

El Gobierno belga en el exilio (en francés, Gouvernement Pierlot IV, en neerlandés, Regering-Pierlot IV) fue el Ejecutivo de Bélgica que estuvo expatriado entre octubre de 1940 y septiembre de 1944, durante la Segunda Guerra Mundial. En la administración exiliada participaron ministros de los partidos católico, liberal y obrero, que conformaron el Gobierno luego de la invasión de Bélgica a manos de la Alemania nazi en mayo de 1940 y de su ruptura con el rey, Leopoldo III, que permaneció en el país. Encabezados por el primer ministro, Hubert Pierlot, se establecieron en Londres y fueron reconocidos como la única autoridad legítima de su país por los Aliados.

El Gobierno administró el Congo Belga y puso sus recursos a disposición de los Aliados. Además, se hizo cargo de los refugiados belgas en el Reino Unido, apoyó económicamente a la resistencia en Bélgica y mantuvo cierta influencia en el ejército exiliado. Firmó acuerdos durante el conflicto para la formación de la Unión Económica del Benelux y para el ingreso del país a la Organización de las Naciones Unidas. A su regreso a Bruselas, llevó a cabo una reforma monetaria antes de ceder el poder a un nuevo gabinete, bajo cuyo mandato empezó un largo periodo de conflicto interno producto de la Cuestión Real que duró un lustro.

Antecedentes

Hubert Pierlot (izq.), primer ministro del Gobierno en el exilio, en abril de 1944.

En términos políticos, el Partido Católico dominó en todos los gobiernos belgas formados entre 1919 y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, el período de entreguerras.[5]

A partir de 1936, año en que se revocó el acuerdo militar entre Francia y Bélgica, este país adoptó una política de neutralidad o «independencia», «exclusiva y completamente belga» según anunció el rey Leopoldo III en octubre de ese año. Esto se tradujo, al cabo de seis meses, en la adopción de un pacto con el Reino Unido y Francia que sustituyó a los tratados de Locarno. Con esto, Bélgica se liberó de sus obligaciones del acuerdo militar y recibió el reconocimiento de ambas naciones de su integridad territorial.[11]

El 25 de mayo, el rey se reunió con sus ministros para discutir sobre la rendición.[13]