Genocidio de Ruanda

Genocidio de Ruanda
Nyamata Memorial Site 13.jpg

Cráneos de varias víctimas del genocidio en Nyamata.
También conocido comoGenocidio Tutsi
UbicaciónBandera de Ruanda Ruanda
Fecha7 de abril - 15 de julio de 1994
ContextoSegregación social, Atentado del 6 de abril de 1994
PerpetradoresGobierno hutu de Ruanda
VíctimasPueblo tutsi
Cifra de víctimas500 000 - 1 000 000[1]

El Genocidio de Ruanda fue un intento de exterminio de la población Tutsi por parte del gobierno hegemónico Hutu de Ruanda entre el 7 de abril y el 15 de julio de 1994, en el que se asesinó aproximadamente al 70% de los Tutsis, estimándose entre 500.000 y un millones de personas asesinadas.[2]​ La violencia sexual fue generalizada, con un estimado de 250.000 a 500.000 mujeres violadas durante el genocidio. Los asesinatos masivos se iniciaron tras el atentado del 6 de abril de 1994 contra el presidente ruandés y al presidente burundés Cyprien Ntaryamira, ambos hutu,y que murieron tras ser derribado el avión en el que viajaban por dos misiles lanzados desde tierra.

La responsabilidad por ese ataque es controvertida, y la mayoría de las teorías proponen como sospechosos al grupo rebelde tutsi del Frente Patriótico Ruandés (RPF) o los extremistas del "Poder Hutu" que se oponían a la negociación con el RPF. En cualquier caso, inmediatamente los radicales hutus se hicieron con el poder, asesinaron a la primera ministra Agathe Uwilingiyimana y comenzó la masacre, lo que resultó en el asesinato de cientos de miles de tutsis y hutus moderados en los siguientes tres meses, hasta que el 15 de julio el RPF conquistó la capital Kigali, obligando al gobierno hutu radical a huir del país en dirección a Zaire seguido de al menos dos millones de hutus desplazados.

En Ruanda, a partir del siglo XIX, el gobierno colonial belga estableció un sistema social racista para lo cual utilizó una antigua distinción dentro de la etnia banyaruanda del pueblo bantú, a la que pertenece casi toda la población, organizándolas institucionalmente como castas, aún cuando no existía ningún rasgo étnico ni lingüístico específico que las diferencie: la minoría tutsi (15 %) fue establecida como casta dominante y la mayoría hutu (85 %) como casta subordinada, sometida incluso a regímenes de trabajo forzado. La subordinación de la mayoría hutu a la minoría tutsi, en el marco de un orden colonial e injusto, exacerbó las diferencias y el odio social dentro de la sociedad ruandesa.

Antes de la independencia y durante el dominio de Bélgica, el país y sus instituciones estuvieron dominadas por los belgas en alianza con la minoría tutsi; pero en 1961 el pueblo ruandés declaró la independencia y abolió la monarquía, constituyendo una república, que habilitó el predominio de la mayoría hutu, hasta 1994. Después del genocidio, en 1994, ambas castas fueron oficialmente eliminadas.

El papel de las naciones occidentales, las Naciones Unidas y la Iglesia católica en el genocidio ha sido cuestionado por haber impuesto o tolerado un sistema colonial, promovido la división de la población en castas, y por haber mantenido una postura pasiva o cómplice durante las matanzas.[3]

Antecedentes

Ruanda antes de la independencia y origen de los grupos Tutsi, Hutu y Twa

Entre el 8000 y 3000 a. C los Twa o batwa, un grupo aborigen de cazadores-recolectores pigmeos, penetraron en las montañas boscosas de Ruanda y se instalaron allí de manera permanente[11]​ Los Hutu, Tutsi y Twa tienen un idioma común.

A pesar del dominio de los tutsis, las diferencias socioeconómicas no eran muy pronunciadas. Aunque el pertenecer a uno u otro estamento definía el estatus social, un hutu podía ascender de clase si poseía las suficientes propiedades; sin embargo, ya había comenzado una relación de vasallaje dominada por la casta menos significativa en la zona, los tutsis, con un 14 % de la población.

La población fue fusionándose, primero en clanes y más tarde en reinos. Hacia el siglo XIX, los reyes tutsis habían afianzado su dominio. Para entonces el clan real Nyiginya dominaba todo el país, lo que originó una casta militar y social compuesta por tutsis y que excluía a la mayoría de la etnia hutu. Fue en este siglo, a raíz de estas circunstancias, cuando se creó una estructura socioeconómica clasista que aumentaría durante ese siglo a causa de la colonización europea, alemana en primer lugar de 1897 a 1916 y luego belga. Con el efímero colonialismo alemán y más tarde bajo el colonialismo belga, surgieron nuevas fuentes de poder y de privilegio vinculadas con el ejercicio del dominio colonial y en el beneficio de personas tutsis. La administración belga, a partir del prejuicio de que los tutsis eran más similares a los europeos [sic], instituyó un rígido sistema de clasificación étnica, basado entre otras cosas en la medición de la nariz y del cráneo –lo que dio origen al mito de asociar ciertas características físicas con un grupo específico–. [12]

La influencia occidental a través de la introducción artificial por parte de Bélgica de un carné étnico en 1934, otorgaba a los tutsis un mayor nivel social y mejores puestos en la administración colonial, lo que acabó institucionalizando definitivamente las diferencias sociales. Mientras tanto, los pigmeos twas gozaron de un relativo buen trato por parte de la casta tutsi, que consideraba a los cazadores de las montañas por encima de los hutus en la pirámide social.

Con la colonización belga, el sistema sociopolítico se reforzó a favor del estamento dominante: los tutsis. La necesidad de una expansión colonial consensuada dividió el continente africano en zonas dominadas por los países europeos, que reforzaron a unos grupos u otros dependiendo de sus intereses. Cuando la administración belga consideró que las reivindicaciones tutsis eran desmesuradas, cambió de comportamiento y comenzó a apoyar a la mayoría hutu. Finalmente, la rivalidad entre los dos grupos se agudizó con la creación, por iniciativa belga, de varios partidos políticos sobre bases étnicas: la Unión Nacional Ruandesa (UNR), de tendencia antihutu, la Unión Democrática Ruandesa (RADER), el Partido del Movimiento de Emancipación Hutu (PARMEHUTU) y la Avocación para la Promoción Social de las Masas (APROSOMA) de orientación antitutsi. De igual manera, se debe resaltar el papel de los misioneros europeos por legitimar el sistema social y la dominación colonial, con nuevas normas que limitaban el comportamiento injusto y la explotación de unos por parte de otros.

Durante el colonialismo se introdujo la religión cristiana, se impuso el individualismo mercantil y se dividió a la sociedad en clases, con el objetivo de eliminar todas las uniones entre los ruandeses para introducir de manera eficaz el sistema capitalista y lograr su pleno desarrollo en esta parte del continente africano [13]​.

Mapa actual de Ruanda.

Revolución y relaciones entre Hutus y Tutsis tras la independencia

En 1958, después de que un grupo hutu redactara un manifiesto reclamando un cambio social, desde la corte real se respondió con un documento que, entre otras cosas, decía lo siguiente:

Podría preguntarse cómo los hutus reclaman ahora sus derechos al reparto del patrimonio común. De hecho, la relación entre nosotros (tutsis) y ellos (hutus) ha estado siempre fundamentada sobre el vasallaje; no hay, pues, entre ellos y nosotros ningún fundamento de fraternidad. Si nuestros reyes conquistaron el país de los hutus matando a sus reyezuelos, y sometiendo así a los hutus a la servidumbre, ¿cómo pueden ahora pretender ser nuestros hermanos?

Frente a esta posición de los gobernantes tutsis, se posicionaron personas como el obispo Perraudin, que fue determinante en el proceso de emancipación hutu. En su carta pastoral del 11 de febrero de 1959, lo manifestó claramente:

La ley de la justicia y de la caridad pide que las instituciones de un país aseguren realmente a todos sus habitantes los mismos derechos fundamentales y las mismas posibilidades de promoción humana y de participación en los asuntos públicos. Las instituciones que consagren un régimen de privilegios, favoritismo, proteccionismo, bien sea para los individuos o para los grupos sociales, no son conformes a la moral cristiana.

Este es quizá el punto de escisión histórico más importante. A partir de aquí los hutus comienzan a intentar socavar el poder de los tutsis para llegar a un mejor reparto de la riqueza. Un incidente el 1 de noviembre de 1959 entre jóvenes tutsis y uno de los líderes hutus se convirtió en la chispa de una revuelta popular, en la cual los hutus quemaron propiedades tutsis y asesinaron a varios de sus propietarios. La administración belga, durante dos años de enfrentamientos de bajo nivel entre unos y otros, contabilizó un total de 74 muertos, de los cuales, 61 eran hutus asesinados por nuevas milicias tutsis que pretendían acabar con el movimiento revolucionario, el cual respondió con más fuerza ante la represión y durante los dos años siguientes, alrededor de 20 000 tutsis murieron asesinados. Ante esta espiral de violencia, el 31 de mayo de 1961 la ONU proclamó una amnistía tras comprobar que los enfrentamientos se agravaban y la mayoría hutu ya había provocado el exilio de unos 150 000 tutsis. Aquel mismo año, Ruanda, liderada por la población hutu, se independiza de Bélgica. Este momento fue aprovechado por la ONU para exigir la organización de un referéndum bajo la vigilancia de observadores. El resultado fue de un 80 % del NO a la continuidad de la monarquía tutsi, lo que obligó a los gobernantes a aceptar la república, provocando el exilio de miles de tutsis partidarios del sistema vigente monárquico y contrarios a conceder el poder a los hutus. Los exiliados, de corta edad de aquel momento, con el paso de los años, se llegarían a convertir en los fundadores del Frente Patriótico Ruandés, que ocuparía un lugar importante en la guerra de Ruanda de 1990 hasta 1994.

Grégoire Kayibanda fue el primer presidente de una Ruanda liberada del dominio colonial. Los datos del crecimiento económico y la estabilidad social eran esperanzadores. A pesar de las diferencias acumuladas durante siglos, tutsis y hutus lograban convivir sin llegar a enfrentamientos generalizados. La masa campesina accedía a la enseñanza y el país, sin demasiados recursos, progresaba. Aun así, los tutsis partidarios del régimen monárquico en el exilio se organizaron en los países limítrofes y lanzaron diversos ataques contra el Gobierno ruandés, sin mucho éxito. El odio entre partidarios de la república, de mayoría hutu, y partidarios del régimen anterior a esta, mayormente de la etnia tutsi, aumentaba y aunque todavía, al principio de la década de los 70, el enfrentamiento no era exacerbado, ya se estaba fraguando una división social pronunciada que produciría conflictos mayores.

En 1972 se produjeron unas terribles matanzas en el vecino Burundi: 350 000 hutus fueron asesinados por tutsis y esto provocó, definitivamente, un sentimiento antitutsi por parte de la mayoría de los hutus en el interior de Ruanda. La población comenzó a exigir a su presidente Grégoire Kayibanda mano dura contra la antaño clase dominante en el país y la respuesta insatisfactoria por parte del presidente y los casos de corrupción en el Gobierno provocaron el golpe de Estado del general Habyarimana, de origen hutu, en julio de 1973.

Pese a su irrupción antidemocrática en la escena política, el gobierno del general realizó una buena gestión del país hasta la segunda mitad de los 80, contando con el apoyo logístico y militar de Francia. También tomó la iniciativa de una reconciliación nacional. Estos datos son confirmados por el Banco Mundial, que presentaba a Ruanda como modelo de desarrollo en el África subsahariana durante la década de los 80, y por Amnistía Internacional, que en 1990, daba como satisfactorio el respeto de los derechos humanos. Aunque la tensión entre partidarios de un lado y otro se mantuvo durante los 17 años siguientes al golpe de Estado de Habyarimana, este había conseguido apaciguar a unos y a otros cediendo, sobre todo, que el control financiero del país se concentrara en manos tutsis, lo que demuestra que, a pesar de las acusaciones por parte de los exiliados tutsis de no ser permitidos de vuelta en el país por su etnia, estos contaban, de nuevo, con una posición de poder. Además, durante algunos años, el FPR se había internado en Ruanda de forma clandestina y había reclutado a muchos jóvenes tutsis por todo el país para recibir una formación ideológica y militar y constituir brigadas secretas, diseminadas masivamente por las colinas. Este hecho es recordado por Tito Rutaremara, ideólogo del FPR:

Hacia el final del 87, se habían constituido 36 células del Frente en el interior del país.

Factores económicos externos, como el descenso del precio del café, principal producto de exportación, y otros internos, sobre todo la corrupción en el norte del país (lugar de procedencia de Habyarimana), comenzaron a provocar nuevas tensiones en la segunda mitad de la década de los 80. El cada vez peor estado de la situación económica y la acusación de los tutsis exiliados, de que no se les permitía volver al país, fueron las razones principales que provocaron la guerra de Ruanda.

En el año 1989 el precio mundial del café se redujo en un 50 %, lo que hizo que Ruanda perdiera el 40 % de sus ingresos por exportación. Principalmente las zonas rurales y los sectores urbanos se enfrentaron a una hambruna severa (la cual provocó migraciones a Tanzania), a la devaluación de su moneda, al aumento de la inflación y al alza de productos básicos, que llevaron al país a una profunda crisis política [12]​, al mismo tiempo que aumentaba el gasto militar en detrimento de los servicios públicos.

En 1979, los tutsis refugiados en Uganda formaron la Alianza Ruandesa para la Unidad Nacional (la cual, ocho años después se convirtió en el Frente Patriótico Ruandés), debido a las campañas de hostigamiento por parte del gobierno local. Los integrantes de este grupo poseían ideales políticos diversos entre sí, aunque todos compartían los mismos objetivos principales: el derrocamiento del gobierno ruandés y el fin del exilio de su gente. En octubre de 1990, el FPR irrumpió en Ruanda a exigir estos fines en común y tres años más tarde, gracias a la crisis que azotaba al país, a la tensión con sus países vecinos y gobiernos occidentales, además de la presión ejercida por el Fondo Monetario Internacional, el presidente Habyarimana firmó los Acuerdos de Arusha [12]​, dando fin a la guerra civil y creando un gobierno de transición compuesto por hutus y tutsis.