Capital (economía)

En economía, la definición de capital no es específica. En sentido estricto, el capital es una abstracción contable: son los bienes y derechos (elementos patrimoniales del activo) menos las deudas y obligaciones (pasivo), de todo lo cual es titular el capitalista. Así se dice que se capitaliza una empresa o se amplía capital cuando aumenta su activo o disminuye su pasivo o se incorporan nuevas aportaciones de socios o se reduce el caldo endeudamiento con terceros. Cuando el pasivo es superior al activo se dice la unidad económica está en situación de capital negativo (negative equity, en inglés). Según el libro de economía de Michael Parkin se da a entender que el capital son las herramientas, los instrumentos, la maquinaria, los edificios y demás construcciones que utiliza la empresa para producir bienes y servicios

No obstante, bajo el enfoque vulgar, se entiende por capital un mero componente material de la producción, básicamente constituido por maquinaria, utillaje o instalaciones, que, en combinación con otros factores, como el trabajo, materias primas y los bienes intermedios, permite crear bienes de consumo.[2]

El capital debe distinguirse analíticamente de la empresa y de la gerencia, aunque en muchos casos los papeles sociales de capitalista o empresario y gerente se puedan dar simultáneamente en una misma persona, como suele suceder en las más pequeñas unidades productivas.

Por lo anterior, el interés que obtiene el prestamista debe diferenciarse de la ganancia que se obtiene por una exitosa actividad empresarial en el mercado, así como del salario que se recibe por una actividad.

Definición clásica

En la economía política, el capital es el conjunto de recursos, bienes y valores disponibles para satisfacer una necesidad o llevar a cabo una actividad definida y generar un beneficio económico o ganancia particular, está estrechamente relacionado con el comportamiento de las personas que intervienen en este aspecto. A menudo se considera como a la fuerza de trabajo parte del capital. También el crédito, dado que implica un beneficio económico en la forma de interés, es considerado una forma de capital (capital financiero).

Los bienes de capital (Capital Goods en inglés), en contraste con los bienes de consumo, son utilizados en la producción de capital físico. Se refieren a bienes de capital real de los productos que se utilizan en la producción de otros productos, pero no se incorporan a los demás productos. En los bienes de capital se incluyen fábricas, maquinaria, herramientas, y diversos edificios. Son diferentes de las materias primas que se utilizan en la producción de bienes. Muchos productos pueden ser clasificados como bienes de capital o bienes de consumo de acuerdo con el uso, por ejemplo los automóviles y ordenadores personales, y la mayoría de estos bienes de capital son también bienes duraderos (Consumer Durables).

Los bienes de capital son también diferentes del capital financiero. Los bienes de capital son objetos reales de la propiedad de entidades (personas, gobiernos y otras organizaciones), a fin de obtener un rendimiento positivo de algún tipo de producción.

La actividad que se realiza puede ser la producción, el consumo, la inversión, la constitución de una empresa, etc. Cuando este capital se destina a la producción, se convierte en uno de los factores de producción. El capital se puede acumular con el tiempo, y sus retornos (renta) pueden ser utilizados o reutilizados para aumentar el capital original.

El valor y la conceptualización del capital

La conceptualización del capital está ligada a la conceptualización del trabajo ya que ambas codependen con la teoría adoptada sobre el valor económico de los bienes y, por tanto, con los medios para crearlos.

En los economistas llamados clásicos (Smith y Ricardo) se encontraba una posición ambivalente sobre el determinante del valor de cambio de un bien, oscilando a lo largo de sus obras entre dos opciones: la cantidad de trabajo y los costos de producción (que son valores de cambio a su vez que quedarían sin explicar: el interés del capital, el salario del trabajo y la renta de la tierra). Los problemas de la primera opción los llevarían a adoptar la segunda como “solución”: la teoría del costo sería sistematizada por John Stuart Mill en conjunto con el resto de las cuestiones tratadas por los clásicos es un esquema integral de economía política, mientras que Karl Marx insistiría en la teoría del valor trabajo pero esta vez como base para una crítica al concepto mismo de economía política.

La revolución marginalista en todas sus variantes (Jevons, Walras y Menger) reemplazó el aparato conceptual de los clásicos sobre el valor, y con este su propio concepto económico de trabajo y capital, refiriéndolo ahora a la utilidad marginal, moviendo así la determinación de la producción y la distribución a la circulación, o sea, al consumo. A diferencia de los clásicos que, o bien deducían el valor del capital físico del trabajo invertido en él, o bien del capital en sí mismo, los marginalistas lo encontraban en la utilidad misma del préstamo del capital.

Los sistematizadores de las diferentes corrientes marginalistas (Marshall, Pareto y Böhm-Bawerk) se dividieron en dos posiciones encontradas. La escuela neoclásica representada por Marshall, haciendo una síntesis entre Mill y el marginalismo de Jevons, concebiría al valor como resultado de la interacción entre una demanda basada en la utilidad del consumidor en términos marginales, y una oferta basada en los costos de producción pero esta vez no medidos circularmente desde sus precios sino desde la desutilidad marginal de los factores de producción (el salario por el sacrificio en esfuerzo y el interés por el sacrificio en espera o ahorro), volviendo así a la concepción clásica del capital pero sobre más sólidos fundamentos marginalistas. La escuela austríaca representada por Böhm-Bawerk, continuador (aunque con ciertas variaciones) del marginalismo puro y subjetivista de Menger, analizaría en profundidad la cuestión del capital, y llegaría a una definición que, aunque conciliable con los clásicos, parte de premisas distintas y más relacionables con el primer pensamiento de Adam Smith anterior a su magnus opus, con la obra de Richard Cantillon y con la misma línea continuada por Jean-Baptiste Say más afín a la posición austríaca (Böhm-Bawerk, 1884), en la cual todos los parámetros que definen los precios de los factores de producción remiten en última instancia a la demanda del consumidor que es el marco de referencia de las valoraciones en las preferencias temporales de trabajadores asalariados y prestadores de capital.

La posición de Böhm-Bawerk según la cual el tipo de interés depende de la preferencia temporal ha sido criticada por Knut Wicksell que defendió el paradigma neoclásico respecto a que éste depende de la productividad del capital. Paradójicamente, la interpretación austríaca del capital terminaría siendo, a través de las obras de John Hicks sobre el particular, la más adoptada por el resto de la academia de orientación neoclásica, aunque en una forma simplificada y con importantes diferencias respecto al origen del interés (Hicks, 1973); y viceversa, la visión austríaca del capital ha tomado mayor sofisticación gracias a parte de la crítica de Wicksell (Rallo, 2014). De la misma manera, la crítica de Böhm-Bawerk a las inconsistencias lógicas de las teorías de la explotación neorricardiana y marxiana (Böhm-Bawerk, 1884 y 1896), sería la que finalmente se convertiría en prácticamente clásica debido, entre otras razones, a que es fácilmente conciliable con casi todas las posiciones tomadas en el espectro del pensamiento económico. Por esto mismo, la defensa del marxismo contra ésta se sostendría en la objeción neorricardiana de Piero Sraffa y cuya base está en la crítica de Wicksell (Rallo, 2014).

La precisa definición de Bohm-Bawerk del capital como se utiliza en los tres tomos de Capital e interés, se presenta de la siguiente manera como solución al caos de definiciones que enfrentaba la economía política:

El capital no es otra cosa que la suma total de los productos intermedios que entran en vigor en las distintas fases del curso en rotonda de la producción de un bien.

Luego se distinguirá conceptualmente al capital en dos elementos económicos cualitativamente distintos: el “capital-medio de producción” entendido como los bienes de producción, y el “capital privado” como derechos de propiedad sobre el capital en función de una forma de adquisición (la privada e independiente) que dependa directamente e internalice como interés la utilidad del mismo (Böhm-Bawerk, 1889).

El interés y la productividad del capital

El interés del capital, es explicado por el autor, en una forma distinta que la clásica (Böhm-Bawerk, 1884), pero sin embargo extrapolable ya que se basa en el préstamo del capital o bien en el adelanto por parte de su propietario, sea este su creador directo o indirecto (Böhm-Bawerk, 1896). Pero más allá de su propia definición, resume adecuadamente los significados posibles de la productividad del capital desde la cual podría explicarse el interés:

Así, pues, una tesis tan sencilla aparentemente como la de “el capital es productivo” encierra, según hemos visto, nada menos que cuatro acepciones claramente distintas, que resumiremos aquí para mayor claridad, agrupándolas en dos parejas disyuntivas de conceptos. Tenemos, en efecto, que:

• El capital puede producir mercancías.
• Puede producir más mercancías de las que podrían producirse sin él.
• El capital puede producir más valor del que podría producirse sin él.
• Puede producir más valor del que él mismo tiene.

[...] ¿Qué se propone y qué tiene necesariamente que proponerse el problema del interés? Sencillamente, investigar y exponer las causas que hacen fluir hacia las manos de los capitalistas uno de los brazos del gran río de bienes que brota año tras año de la producción nacional de un pueblo. Trátase, pues, sin asomo de duda, de un problema que afecta a la distribución de los bienes. (Böhm-Bawerk, 1884, p. 135 y p. 512)

Sobre estas definiciones, separadas o combinadas, diferentes autores han intentado dar sus propias explicaciones del interés: la productividad simple (Smith, criticada por Say), la concepción compleja de la productividad (Malthus, Strasburger, etc.), las teorías del uso (Hermann, Menger), la teoría de la abstinencia (Senior, Bastiat), las teorías del trabajo, las teorías de la explotación (Sismondi, Rodbertus y Marx), y otras concepciones eclécticas (Molinari, Jevons y Mill). Contra todas estas teorías Böhm-Bawerk presenta la propia, que luego sería pulida, criticada y corregida por sus sucesores austríacos: Friedrich von Wieser, Frank Fetter, Ludwig von Mises, Ulrich Fehl, y particularmente por Friedrich August von Hayek, quien desarrollaría una completa teoría del capital, logrando por primera vez que se tratara la cuestión más allá de su relación con la tasa de interés hasta el conocimiento interior de la estructura productiva del capital, integrándola finalmente con la teoría del ciclo económico (Ravier, 2011).

La explicación de Böhm-Bawerk del tiempo como el origen del interés del capital enlaza el marginalismo mengeriano con el resto de la Escuela Austríaca, y se trata de la visión opuesta a la teoría de la explotación marxiana:

El argumento lo desarrolla en las críticas que dirige a Say y Roscher, quienes explicaban la renta del capital por su productividad. Böhm Bawerk admite que la utilización de la máquina aumenta la productividad física, pero de aquí no se deriva, necesariamente, que el producto deje “una plusvalía después de cubrir el costo del capital invertido”. La productividad del medio de producción tendrá incidencia en la generación de valor, pero hay que dilucidar el mecanismo por el que se genera el interés del capital.

La explicación está en la teoría del interés, contenida en el libro quinto de la Teoría positiva del capital. Según Böhm Bawerk, el interés se origina por tres razones combinadas. La primera, es que existe una preferencia por los bienes presentes por sobre los bienes futuros. [...] La segunda razón es que la gente tiende a subestimar el futuro [...]. La tercera razón, en cambio, se vincula a la producción, y a la tesis de que los bienes presentes tienen una superioridad técnica por sobre los bienes futuros, aunque también encuentra su fundamento último en la teoría subjetiva. Esa superioridad de los bienes presentes sobre los futuros se explica porque, según Böhm Bawerk, los trabajos aplicados a procesos productivos que requieren tiempo, esto es, que emplean métodos indirectos, son en general más productivos que los trabajos aplicados a la producción inmediata. [...]

Más en general, Böhm Bawerk afirma que el producto total aumenta invirtiendo siempre, de manera adecuada, en métodos de producción que consumen más tiempo. Por eso define al capital [...] como un conjunto de bienes procedentes de una producción anterior, que no están destinados al consumo directo, sino a ser medios para la adquisición de nuevos bienes. Pero este “agente de producción” es el resultado del trabajo y la naturaleza, los dos factores productivos independientes, o los dos únicos “factores técnicos” en la producción. Böhm Bawerk asocia entonces los incrementos de productividad con los métodos más indirectos (o más capital intensivos). Los rodeos productivos aumentan el rendimiento, aunque a tasas decrecientes, porque habilitan a incorporar fuerzas de la naturaleza al proceso productivo.

[...¿C]ómo surge la plusvalía? Surge en esencia del intercambio de los medios de producción contra bienes de consumo finales y presentes. En la medida en que el trabajo y el uso de la tierra son los medios de producción originales, la formación de sus precios decide la existencia del beneficio sobre el capital. [...L]os trabajadores están ante la alternativa de vender su trabajo, o de emplearlo por su cuenta en procesos tan cortos e improductivos como se los permiten sus escasos medios de producción. Los capitalistas, a su vez, quieren comprar la cantidad de trabajo que vale tanto como el producto que saldrá, en el futuro, del proceso de producción. El beneficio surge entonces de la diferencia entre ese bien futuro y lo que pagan en el presente por el trabajo, que contiene un descuento.

[...E]n su esquema la productividad depende del grado en que la producción es indirecta, y para determinar el grado en que la producción es indirecta es preciso asignar un valor al capital, que depende de la longitud del proceso productivo. (Astarita, 2013)

La propiedad y la estructuración del capital

La comprensión hayekiana del capital, aunque técnica y dirigida a entender primero la estructura de la producción desde cada capital particular (Hayek, 1931), entronca por el origen de su análisis (ver orden espontáneo) con la del economista peruano Hernando de Soto, para el cual la cuestión de la necesidad de la dispersión de la información subjetiva se transforma en la productividad misma de la evolución en que las delimitaciones objetivas de la asignación de la información se concretizan a través de la propiedad en el mercado, explicando así al capital en un sentido social global, reeditando la interpretación marxiana. Aunque partiendo de sistemas distintos al de austríacos y neoclásicos, el autor reelaboraría como productiva la función de la propiedad en relación con el capital, que Marx sólo veía como útil y hasta "productiva" por ser necesaria para forzar al trabajo a modificarse a sí mismo a través de y para la creación compulsiva de plusvalía, al menos hasta encontrar un límite en el capital mismo (Marx, 1857, pp. 266-267). La revisión crítica del concepto marxiano de valor (como trabajo incorporado), implica entender la propiedad como una institución creadora en sí misma de plusvalor, explicando así por qué es vital su existencia para el capital:

Por ello es crucial reconocer los paradigmas marxistas latentes y luego añadirles lo que hemos aprendido en el siglo transcurrido desde que murió Marx. Hoy podemos demostrar que si bien Marx vio claro que es posible generar una vida económica paralela a los activos físicos mismos –y que "las producciones del cerebro humano aparecían como seres independientes dotados de vida"–, no llegó a captar del todo que la propiedad formal no es un simple instrumento de apropiación sino también un medio para alentar la creación del genuino valor adicional utilizable. Tampoco advirtió que los mecanismos contenidos en el sistema de propiedad mismo son los que dan a los activos y al trabajo invertido en ellos la forma requerida para la creación de capital. [...] Marx comprendió, mejor que nadie en su tiempo, que en economía no hay mayor ceguera que la de considerar a los recursos exclusivamente en términos de sus propiedades físicas. Él era muy consciente de que el capital era "una sustancia independiente... en la que el dinero y las mercancías son meras formas que asume y de las que se desprende en su momento". Pero vivió en una época en que acaso aún era demasiado pronto para ver cómo la propiedad formal podía, mediante la representación, hacer que esos mismos recursos desempeñaran funciones adicionales y produjeran valor excedente (plusvalía). En consecuencia, Marx no advirtió que pudiera estar en el interés de todos ampliar el espectro de los beneficiarios de la propiedad. [...] Marx no comprendió del todo que la propiedad legal es el proceso indispensable que fija y despliega capital; que sin propiedad formal la humanidad no puede convertir el fruto de su trabajo en formas fungibles, líquidas, que pueden ser diferenciadas, infinitamente combinadas, divididas e invertidas para producir valor excedente. (De Soto, 2000, p. 216)

La comprensión del fenómeno investigado por De Soto, implica que el dinero como capital expresa en términos monetarios mucho más que una cuantía de trabajo abstracto o la eficiencia de un negocio determinado, sino que el precio es una destilación cuantitativa del nivel de corrección en la distribución cualitativa de toda la producción concreta (Hayek, 1941) en un mercado (división social del trabajo), cuya medida sólo se preserva como información real del valor de un bien determinado en tanto exprese una asignación de recursos que haya sido establecida mediante relaciones basadas en esa misma forma de adquisición (ver debate sobre el cálculo económico en el socialismo). En consecuencia, el “misterio” tras el capital debe buscarse más allá del tiempo de trabajo, de las ingenierías de producción, de la gestión técnica o de la capacidad empresarial, sino en la propiedad que hace a estos factores posibles (De Soto, 2000, pp. 88-91), y cuyos efectos inmediatos son que los bienes materiales se transformen en activos con un potencial económico, y que, como corolario necesario, esa información dispersa se integre en un solo sistema luego de ser generada (De Soto, 2000, pp. 77-79).

Más allá del camino abierto por De Soto para la comprensión del capital, la problemática del mismo y su importancia se refleja, para casi todos los historiadores del pensamiento económico, en la cantidad de estudios, apologéticos o críticos, clásicos o marxistas, que se han hecho sobre el mismo sin llegar hasta el momento a una resolución definitiva, al punto que ni siquiera los representantes de estas diferentes corrientes interpretativas llegan internamente a un acuerdo sobre el tópico.

Tipos de capital en el sistema clásico

  • Capital líquido: es el residuo del activo, detraído el pasivo de una persona natural o jurídica.
  • Capital nacional: es la parte del patrimonio nacional constituida por bienes producidos por el hombre.
  • Capital societario: es el conjunto de dinero y bienes materiales aportados por los socios a una empresa.
  • Capital público, opuesto al privado: es el que pertenece al Estado.
  • Capital privado, opuesto al público: es el que pertenece a propietarios individuales o asociados pertenecientes a la sociedad civil.
  • Capital inmaterial: es el que no se muestra como algo físico; puede ser el conocimiento, la aptitud, las habilidades, el entrenamiento de una persona, etc. un ejemplo de capital inmaterial es el capital humano, que se incrementa con la educación o capacitación de las personas.
  • Capital de corto plazo: es el tipo de capital del cual se espera obtener un beneficio o renta en un periodo menor a un año.
  • Capital de largo plazo: es el tipo de capital del cual se espera obtener un beneficio o renta en un periodo mayor a un año, por ejemplo, el capital invertido en la constitución de una empresa, posiblemente dará un retorno en un tiempo superior a un año.

Tipos de capital en el sistema moderno

  • Capital financiero: es el capital más común y normalmente la liquidación usa el valor de moneda
  • Capital natural: p.e.: un río que mantiene una comunidad con agua
  • Capital social: se dicen como "goodwill" o "brand value" un tipo de capital entre personas y tiene el valor como dinero
  • Capital instructional o intelectual: p.e.: si una persona sabe una cosa que la otra no. (entre profesor y estudiante)