Arquitectura románica

Iglesia Saint-Étienne de Nevers (1063-1097), para Viollet-le-Duc, por su pureza de estilo y disposición «el monumento más perfecto que el siglo XI ha dejado en Francia».[1]
Claustro de la abadía Saint-Pierre de Moissac (1000), con un total de 116 columnas, altenando sencillas y dobles, que soportan las arcadas de las cuatro galerías, con capiteles esculpidos en sus cuatro caras, verdaderas obras maestras del románico.
Basílica de Paray-le-Monial, da una imagen completa, aunque reducida en tamaño, de lo que fue la gran abadía de Cluny.
La tribuna del priorato de Serrabona, el más bello conjunto esculpido del románico del Rosellón
La basílica de San Sernín de Toulouse, la mayor iglesia románica de Francia

La arquitectura románica fue el primer gran estilo arquitectónico creado en la Edad Media en Europa después de la decadencia de la civilización grecorromana. Su desarrollo estaba completamente establecido alrededor de 1060, pero los primeros signos de cambio fueron diferentes según las regiones y no hay consenso sobre una fecha para sus inicios, que van desde el siglo VI hasta el siglo XI. Tendrá varias etapas, fundamentalmente dos, conocidas como primer rómánico (o rómánico temprano o lombardo) y segundo románico (o alto románico o románico maduro). La arquitectura gótica fue el estilo que le sucedió gradualmente a partir del siglo XII.

El dinamismo monástico, las profundas aspiraciones religiosas y morales y la espiritualidad de las rutas de peregrinación en una Europa que había recobrado la paz, presidieron el nacimiento del arte románico y contribuyeron a convertirlo en un estilo verdaderamente nuevo, dotado de una profunda originalidad. La voluntad de liberar a la Iglesia de la tutela de los poderes seculares, las cruzadas, la reconquista cristiana en España con el colapso del califato de Córdoba, la desaparición del patrocinio real y principesco hicieron del arte románico el arte de toda la cristiandad medieval.

La arquitectura románica se desarrolló en una vasta área que iba desde la mitad norte de España hasta Irlanda, Escocia y la mitad de Escandinavia. La Europa del Este, los países eslavos desde Polonia a Eslovaquia, Bohemia y Moravia, Hungría y Eslovenia también adoptaron este estilo así como el conjunto de Italia con sus islas. Este espacio correspondía a la influencia de la Iglesia romana en la Edad Media, al área ocupada por la gran familia de los pueblos romano-germánicos, de los eslavos occidentales y de algunas reliquias étnicas. Los primeros centros del arte románico ya eran visibles alrededor del año mil: en Cataluña, en las estribaciones norte y sur de la parte oriental de los Pirineos; en la Lombardía, que se extendía desde la llanura central del Po hasta la Italia meridional; en Borgoña, en la zona fluvial del Saona; en Normandía, cerca del Canal de la Mancha; en el curso del bajo Rin hasta el Mosela; en la Alta Renania, desde Basilea hasta Maguncia; y en la Baja Sajonia entre el Elba y el Weser. Otras regiones conocieron un desarrollo más tardío de la arquitectura románica, cuya originalidad eclosionó en el siglo XI, como Westfalia, Toscana, Apulia, Provenza y Aquitania. Entre 1042 y 1066, Eduardo el Confesor, cuya madre era normanda, introdujo el arte románico en Inglaterra y después de la conquista de Inglaterra en 1066, los normandos integraron aportes anglosajones en el arte anglo-normando.

En una Europa rural con escasos recursos materiales y técnicos, en ese período se construyeron muchos castillos y fortalezas, pero fueron muchas más las nuevas iglesias levantadas en ciudades y aldeas. Los monasterios y abadías contribuiran siendo verdaderas factorías de desarrollo económico. Las más significativas fueron las grandes iglesias abaciales, muchas de ellas todavía en pie, más o menos completas y con frecuencia en uso,[2]​ destacando el empuje de una innovadora y ambiciosa abadía borgoñona, Cluny, que desde allí irradiara a todo el continente. La enorme cantidad de iglesias construidas en el período románico fue sucedida por el período todavía más ocupado de la arquitectura gótica, que reconstruyó, parcial o totalmente, la mayoría de las iglesias románicas en áreas prósperas como Inglaterra y Portugal. Los mayores grupos de edificios románicos que se conservan están en las áreas que fueron menos prósperas en los periodos que siguieron, incluyendo partes de la Francia meridional, de la España norteña y de la Italia rural. La supervivencia de casas y palacios románicos no fortificados seculares, y de los cuartos domésticos de los monasterios es mucho más rara, peroen ellos se utilizaron y adaptaron las mismas características encontradas en los edificios religiosos, a una escala doméstica.

A nivel técnico, se pasó de la piedra partida con martillo al aparejo de piedra tallada y al desarrollo del pilar compuesto. En el plano arquitectónico, el arte románico introdujo la fachada armónica, la cabecera con deambulatorio, las bóvedas de medio cañón y apuntadas, de aristas y crucería con sus contrafuertes. La arquitectura románica combinó varias características de los edificios antiguos romanos y bizantinos con otras tradiciones locales, siendo reconocible por su cualidad masiva, sus gruesos muros, la falta de la escultura, los arcos de medio punto y los pilares robustos, las bóvedas de aristas, las grandes torres y las arcadas decorativas, a veces con banda lombarda. Básicamente de esa época se conserva una arquitectura religiosa en piedra, que estílisticamente es posible caracterizar por el uso del arco de medio punto como la reinterpretación del antiguo arco romano. Las columnas que soportan los arcos son generalmente cilíndricas y están rematadas con capiteles a menudo tallados con representaciones de animales, plantas y símbolos o más o menos geométricos. Cada edificio tiene formas claramente definidas, con frecuencia de una planta muy regular y simétrica; el aspecto general es de simplicidad en comparación con los edificios góticos que les van a seguir. El estilo se puede identificar a través de Europa, a pesar de las características nacionales y regionales y de los diferentes materiales empleados.

El concepto de «arte románico» apareció en Francia por primera vez en 1818. Los especialistas alemanes hacen remontar el nacimiento del arte románico después del arte otoniano y reservan el término estilo románico para la última fase de su evolución arquitectónica. La arquitectura románica en Inglaterra se conoce tradicionalmente como arquitectura normanda.

El descubrimiento del arte románico

Abadía de Lessay

El descubrimiento del arte románico está relacionado con el arquitecto Philibert de l'Orme en el siglo XVI que habría realizado algunos levantamientos[5]​ que quisieron reapropiarse de ese patrimonio normando.

En 1818, el arqueólogo y erudito Gerville, en una carta a Le Prévost, tuvo la feliz idea de utilizar el término roman para describir ese arte —que coincidía en un momento en que la expresión langues romanes («lenguas románicas») comenzaba a usarse para designar esas lenguas que se habían desgajado del latín — que fue retomado y promovido por Caumont, que veía que en esa arquitectura de los primeros siglos de la Edad Media aparecían todas las características de la arquitectura romana en un estado de degeneración avanzado. En 1834 ya era de uso general y el románico sustituyó a la entonces habitual referencia al arte anterior al gótico, como «pregótico», «arte alemán» o incluso, a veces, «arte bizantino» o «neogriego»[6]​ y la arquitectura románica (romane) reemplazó rápidamente a las apelaciones entonces habituales de lombarda, sajona o anglonormanda, y se consideró como una primera tentativa de unificación artística de Europa.

El estudio de ese período arquitectónico sigue la evolución de la arqueología y de sus límites, y pasa de ser una historia del arte romántica e intuitiva al temprano establecimiento de tipologías. En un primer momento, Caumont y sus amigos definieron en el período románico tres fases desde la decadencia romana: desde el siglo V hasta el X; desde el final del X hasta el final del siglo XI; y el siglo XII, en el que el arco apuntado reemplazó al arco de medio punto, una diferencia capital en la forma de las arcadas, que unida a otras, estableció el carácter distintivo entre las arquitecturas románica y gótica.

Después de haber definido los límites en el tiempo, Caumont buscó definir características comunes en el espacio y esbozó, en territorio francés, siete regiones monumentales definidas en particular por la naturaleza del suelo pero también por las diferencias de gusto y de habilidad que no podían venir si no de las escuelas. Jules Quicherat, Viollet-le-Duc, Anthyme Saint-Paul, Auguste Choisy retomaron y completaron la idea. En 1925, François Deshoulières en el Bulletin Monumental[7]​ propuso nueve escuelas: Île-de-France y Campaña, Normandía, Lombardía-Renania, Bajo Loira, Suroeste y Poitou, Auvernia, Borgoña, Provenza y Languedoc. Después de los estudios de Caumont, que había datado la arquitectura románica del siglo V al siglo XII, se creó el concepto de Antigüedad tardía, que iría del siglo IV al VIII, adscribiendo la arquitectura carolingia a la Alta Edad Media y analizando el «siglo del año mil» en comparación con la época precedente y no más como un presagio del futuro.

En 1935, un arquitecto catalán Puig i Cadafalch (1867-1956) definió un «primer arte románico» realizado por pueblos diferentes que se extendió por una gran parte de Europa antes de que se desarrollaran las escuelas particuliares.[12]

En 1951, los benedictinos de la abadía de Sainte-Marie de La Pierre-qui-Vire fundaron las éditions Zodiaque y la colección La nuit des temps, especializada en el arte románico, que publicó sobre el conjunto del mundo románico 88 obras entre 1954 y 1999.